Guardianes de la verdad Opinión

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Milton Ray Guevara, antiguo Secretario de Estado de Trabajo y actual presidente del Tribunal Constitucional, concibió la idea de que tuviéramos “defensor del pueblo”, un funcionario con facultades para “intervenir” en ciertos conflictos entre la población y las oficinas gubernamentales. El famoso “ombudsman” es un personaje muy apreciado en algunos países de la península escandinava. En el Norte de Europa existe una tradición de arbitrar justicia que permite la acción pública del defensor del pueblo. No es ese el caso de la República Dominicana. Adaptar instituciones extranjeras en sociedades completamente distintas es una tarea sumamente difícil. Pero no enteramente impracticable.

Los candidatos a defensores del pueblo deberían ser individuos “de buena fama”, sin antecedentes penales y suficiente credibilidad. Entre las condiciones requeridas para ser “ombudsman” la firmeza de carácter sería un punto básico; también es importante que el defensor del pueblo pueda situarse “por encima de la pelea”, como dicen los franceses. Para lo cual es conveniente que no sea un apasionado militante de algún partido político. Esto no significa que el “ombudsman” carezca de “ideas políticas” o de posición ideológica. Como los jueces de los tribunales ordinarios, debe tener equilibrio psíquico, vocación de servicio y la fortaleza suficiente para no trabajar “tendenciosamente”.

Pero hasta ahora no ha sido posible seleccionar un defensor público. Cada partido aspira a que el “defensor” sea suyo y esté a favor “de la organización”. Para que un candidato obtenga “la aprobación” de un partido debe estar “al servicio del comité central”. Ningún partido desea que el “ombudsman” sea imparcial o equidistante de los intereses en pugna. No quieren un árbitro sino un “infiltrado”.

Todas las instituciones y magistraturas implantadas en el Nuevo Mundo sufrieron mutaciones “de adecuación a la fuerza”. Algunas se han convertido en caricaturas de las europeas que se usaron como modelos. Nuestras democracias arrastran esas cojeras de adaptación; lo mismo que nuestros tribunales y ciertas figuras del derecho penal vigente. Vale la pena intentar establecer el defensor público en la República Dominicana. Las plantas extranjeras se aclimatan unas mejor que otras. Todas echan hojas, flores y frutos; ayudan al mantenimiento de la capa vegetal, mejoran la alimentación. ¿Por qué no probar con la defensoría del pueblo?

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