Opinión

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La reciente imagen del presidente Luis Abinader validando acuerdos con la cúpula militar de Estados Unidos enciende las alarmas de la conciencia nacional. Lo que se presenta públicamente como cooperación técnica, ante la mirada crítica de la historia, se perfila como una amenaza a la autodeterminación que tanta sangre y sacrificio ha costado a este pueblo. La soberanía no es moneda de cambio ni ficha en el tablero geopolítico de las potencias. La República Dominicana posee un mandato constitucional claro de no intervención y de promoción de la paz. Alinear nuestros recursos y territorio a las estrategias bélicas de Washington nos coloca en una posición de vulnerabilidad inaceptable, arrastrándonos peligrosamente a conflictos globales que son ajenos a nuestros intereses nacionales. Es imperativo desmontar la narrativa oficial. El pretexto de la lucha contra el narcotráfico no puede validarse como una "patente de corso" para la injerencia desmedida. Nadie niega la urgencia de combatir el crimen organizado, pero esa batalla no puede servir de excusa perfecta para hipotecar la seguridad nacional ni para militarizar nuestra política exterior bajo las directrices del Pentágono. La cooperación entre estados es legítima, la subordinación militar inadmisible. La dignidad de la patria exige trazar líneas rojas. La seguridad de nuestras fronteras y cielos debe ser gestionada por dominicanos, sin tutelajes imperiales. La historia nos juzgará si permitimos que, bajo el manto de la "ayuda", se socaven los cimientos de nuestra independencia. Hoy decimos no a la intervención, decimos sí, rotundo, a la dignidad dominicana.

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Nexcy D´Leon

Nexcy D'Leon