Apuntes de bolsillo
JOSE M. RODRIGUEZ HERRERA
PERICLES, nacido hacia 495 a.C., pertenecía a una familia de la vieja aristocracia ateniense, tanto por línea paterna, pues era hijo del general Jantipo, del linaje de los Bouzyges -cuyas orígenes se remontan al período de los reyes legendarios-, como por parte materna, ya que su madre, Agariste, descendía de los Alcmeónidas. A pesar de su noble ascendencia, fue educado dentro de la tradición democrática; su tío materno, Clístenes, apoyó los principios de la legislación de Solón y se opuso a la tiranía de las pisistrátidas. Este hombre consiguió, con el apoyo de la burguesía, instaurar la democracia en Atenas.
Cuando Pericles llegó al poder, Atenas ya llevaba veinte años de tradición democrática. Pertenecía al partido democrático, encabezado por Efialtes, que se enfrentó al consejo del Areópago, limitando sus poderes abusivos y dejando en sus manos únicamente la administración de justicia en los crímenes de sangre y en los incendios provocados, y la vigilancia de los templos. En el año 461 a.C. Efíaltes cayó asesinado y fue entonces cuando Pericles irrumpió en la vida pública, convirtiéndose en el máximo dirigente de la política ateniense durante un período de treinta años.
Pericles fue un hombre refinado, pues no sólo había recibido una educación militar, sino que también contó con la instrucción de tres grandes maestros. El músico y filósofo Damón fue siempre un consejero leal en su vida pública, que inspiró a Pericles lo esencial de las medidas democráticas. Otro de sus maestros fue el filósofo Zenón de Elea, perteneciente a la escuela de Parménides, e inventor, en opinión de Aristóteles, de la dialéctica. Con el también filósofo Anaxágoras de Clazomenas estableció una estrecha relación; se dice que de él aprendió Pericles la claridad y el rigor.
Pericles supo ganarse al pueblo gracias a su serenidad y a su tacto político. En sus discursos primaba la elegancia y la compostura. Alejado siempre de las estridencias, dominaba su carácter, sus gestos y hasta su andar. Sus intervenciones, muy puntuales y oportunas, dejaban siempre admirados a todos aquellos que le escuchaban.