Guardianes de la verdad Opinión

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JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS
En verdad, debo admitir que nunca he examinado ni siquiera abierto las fauces de un lobo para poder determinar si la expresión popular que encabeza esta entrega, significa «la ausencia de luz o la oscuridad absoluta».

La escueta introducción anterior viene a colación por el estado deplorable en que se encuentra la avenida denominada Ruta 66 a la salida del aeropuerto de Las Américas, lobreguez que se prolonga por el elevado y continúa en la autopista de Las Américas, agravándose después de atravesarse el puente Juan Carlos, en donde el asfalto se confunde con la negrura de la noche, ya que no obstante estar terminado este tramo, que tiene más de siete años en construcción, no le han pintado las rayas blancas que dividen los carriles, trayendo perturbación a los conductores, peligro que se incrementa si está cayendo un copioso aguacero.

Se afirma que las primeras impresiones de un viajero que llega a un país, sea para conocerlo, venir de negocios o turismo, provienen de los aeropuertos, puertos o estaciones de trenes o de autobuses si limita con otro. En nuestro entorno insular, las impresiones se reciben únicamente por aeropuertos o puertos, ya que nuestra frontera con Haití es utilizada mayormente para contrabando y no para recibir turistas. Visto así, es una vergüenza que las lámparas se mantengan apagadas, tanto en la Ruta 66 como en la autopista que conduce a la ciudad. En verdad, no sabemos, si debido a que somos un gran exportador de cobre, el alambrado ha sido robado, «canibalizado» y llevado a unas de las «exportadoras de metales» cuya materia prima proviene «de la mina estatal o de empresas y viviendas privadas», las cuales por esta grave negligencia de las autoridades que deben evitar este pillaje, deben reponer el cableado, para comprobar que al otro día se lo han vuelto a robar, ante la indolencia de los mismos funcionarios responsables de detener este flagelo.

Últimamente y debido a la oscuridad reinante, vulgares delincuentes se han dado a la tarea de simular un accidente o un pinchazo para solicitar la ayuda de algún buen samaritano, que engañado en su buena fe, ha sido víctima de un atraco, en donde se le despoja de sus pertenencias de valor, del vehículo y si tiene un arma de fuego, también se la llevan para posteriormente cometer otros actos delictivos. Los individuos de esta calaña, generalmente y aunque ha sido desmentido por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, son individuos que deshonran el uniforme militar, creando desconfianza en la población que se agrava cuando algún conductor es requerido para que detenga su vehículo para requisarlo.

De los puentes que atraviesan la ciudad, sólo hay uno que puede llamarse iluminado, ya que en los otros, o las lámparas fueron hurtadas, quizás los cables y hasta lo insólito, el robo de los bombillos. Los elevados, que deberían por su condición de vía rápida estar alumbrados, no son la excepción y tenemos que recurrir, para mantenerse dentro del carril de rodaje, a los denominados «ojos de gato».

En múltiples ocasiones se le ha solicitado al Poder Ejecutivo que dicte un decreto prohibiendo la exportación de metales, en especial cobre, ya que como se ha señalado, en nuestro país no existen minas de este metal, sin embargo, debido a los «pejes gordos» algunos encumbrados en el poder, el señor Presidente no ha complacido al clamor del pueblo que tiene temor, como le ocurrió a la comunicadora Altagracia Salazar, de que le robaron un anafe que en estos momentos debe formar parte de alguna estructura metálica en China.

No queremos ser «pájaros de mal agüero», pero hasta que a un hijo, o pariente cercano de un alto funcionario, se rompa una pierna, o su auto sufra un aparatoso accidente como consecuencia del robo de una tapa de filtrante en las aceras o en las calles, no se tomará acción el Poder Ejecutivo, que en algunos casos es tan solícito para casos y cosas que tienen menor importancia, que la depredación de bienes del patrimonio del Estado Dominicano y de ciudadanos que al parecer, no merecen ser tomados en cuenta. Tal vez, si estos electores hicieran alguna declaración pública sobre la materia y esto significaría pérdida de votos, el señor Presidente les complazca y emita el anhelado decreto de prohibición de la exportación de metales.

Después de todo, un país que ha sido clasificado el número 99 en la escala de corrupción mundial, le hace honor a ese encasillado al permitir que depredadores, salteadores, pillos, ladronzuelos, malandrines, mangantes y rateros roben impunemente cables de aluminio y cobre, tapas de hierro fundido, metales de vallas protectoras en las autopistas y carreteras y lo más deleznable, dejar a oscuras las vías que son la primera impresión de los que nos visitan. Pero, tanto va el cántaro a la fuente, hasta que se rompe.

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