Guardianes de la verdad Opinión

Cicatrices Invisibles

Dr. Manuel A. Castillo Rodríguez

Dr. Manuel A. Castillo Rodríguez

Cicatrices Invisibles

El silencio que rompe

Prevención del abuso y el suicidio desde el hogar

Shima Abedinzade en Pixabay

Shima Abedinzade en Pixabay

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Hay realidades que preferiríamos no mirar; sin embargo, existen en la sombra de muchos hogares, dejando marcas que, si no se nombran, pueden volverse letales. Las estadísticas mundiales son un grito de auxilio, y nuestro país no es la excepción.

El abuso sexual infantil y las crecientes tasas de suicidio en adolescentes no son eventos aislados; son, en gran medida, el resultado de entornos donde el hilo de la comunicación se ha roto. Como autor de Cicatrices Invisibles, entiendo que la prevención no es una opción, es una urgencia de salud pública.

Realidad local

Para comprender la magnitud de lo que enfrentamos en la República Dominicana, basta con mirar los datos que han ocupado los titulares de nuestra prensa nacional. Según informes del CONANI y la Procuraduría General de la República, solo en un semestre se registraron más de 1,500 denuncias de abuso infantil.

Lo más desgarrador es que el 80% de estos casos ocurren dentro del entorno familiar o por personas de estrecha confianza. Por otro lado, el Servicio Nacional de Salud (SNS) advierte que los conflictos familiares son el detonante en más del 60% de los casos de depresión y ansiedad que conducen al suicidio juvenil, el cual ya es una de las principales causas de muerte externa en dominicanos de 15 a 24 años.

Grietas profundas

Existen ciertos climas familiares que actúan como factores de riesgo silenciosos. El primero es la invalidez emocional, es cuando un joven expresa dolor y recibe como respuesta "no es para tanto", deja de ver el hogar como un refugio.

Asimismo, la cultura secreta protege al agresor; en familias donde no se permite cuestionar a los adultos, el niño queda desprotegido. Finalmente, la ausencia presente —padres físicamente allí, pero absorbidos por pantallas— crea un desamparo emocional que los depredadores digitales saben explotar con maestría.

Señales de alerta

El cuerpo y la conducta del niño suelen "gritar" lo que la boca calla por miedo o vergüenza. Como padres, debemos estar atentos porque las alteraciones repentinas en el sueño, la alimentación o el aislamiento social representan cambios bruscos que no debemos ignorar.

De igual forma, volver a mojar la cama o chuparse el dedo en edades donde ya se habían superado son regresiones físicas que indican malestar interno.

La ansiedad extrema al usar dispositivos o esconderse para navegar delata un secretismo digital peligroso, mientras que las frases sobre no querer estar aquí o sentir que ya nada importa son mensajes desesperanza que requieren intervención inmediata.

Vínculo seguro

La prevención más efectiva es la conexión de calidad. No basta con estar presentes; debemos estar disponibles. Crear un entorno de confianza en casa —un momento donde se pueda hablar de cualquier tema sin temor a juicios— es el hilo más fuerte que podemos tejer.

Enseñar al niño que su cuerpo es un territorio sagrado y que tiene derecho a decir "no", es dotarlo de una armadura invisible que lo acompañará toda la vida.

Sanar juntos

Sanar las cicatrices invisibles de nuestra sociedad empieza por la valentía de mirar hacia adentro de nuestras propias casas. Si un hijo se atreve a hablar, nuestra respuesta debe ser: "Te creo y voy a protegerte".

La duda del adulto es la segunda herida para la víctima. La familia no debe ser el lugar donde el joven se siente más juzgado, es el puerto seguro donde siempre puede volver a empezar.

Sobre el autor
Dr. Manuel A. Castillo Rodríguez

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