Semana Santa
Dios trivializado
La Semana Santa se ha vuelto una semana de diversión: hoteles llenos, casas de veraneo, playas, ríos, bebidas y música (no sacra).

SS2026
La Semana Santa se ha vuelto una semana de diversión: hoteles llenos, casas de veraneo, playas, ríos, bebidas y música (no sacra). Una degradación de la razón de ser de este feriado, extendido a una semana para las escuelas, dos días para el Gobierno y un día para el sector privado (en la práctica puede ser más).
En general, desde hace tiempo percibo un proceso de degradación y trivialización de Dios, no solo por lo que ocurre en Semana Santa.
Las distintas iglesias, al competir por captar feligreses, luchan por ocupar la mayor cantidad de espacios físicos y mediáticos, hasta donde no es pertinente, y el avance abarcador de las redes sociales ha contribuido a la trivialización.
El carácter masivo de las redes permite que millones de personas actúen como promotores cotidianos de fetichismos religiosos. Por las redes se envían constantemente muchos mensajes con alegoría a Dios, a Jesús, a María, o a los santos. Anuncian cadenas de oración con distintos propósitos y envían bendiciones.
Las intenciones religiosas no son nuevas. En las misas católicas es costumbre hacerlas por diversos motivos. Los velones también acompañan peticiones, y hay un santo o una virgen para distintos propósitos.
En el pasado, esas tradiciones requerían de una acción concreta ritualista, como, por ejemplo, asistir a la misa donde se hace la intención, ir a un santuario a prender un velón y rezar, transportar un santo o una virgen de un hogar a otro, o hacer alguna oración casera. En esos rituales la oración era esencial para la expresión de creencia en lo divino.
En el mundo abreviado de las redes sociales hay menos tiempo para la oración y la reflexión; dominan los predicadores en monólogos o la masificación de mensajes religiosos acompañados de imágenes en postalitas.
Se entiende perfectamente que las religiones usen los nuevos medios de comunicación para transmitir sus mensajes. La conversión y el reforzamiento de las creencias son fundamentales para su existencia. Su éxito siempre ha radicado en la posibilidad de conquistar millones de seguidores; y eso, sin duda, se facilita en las redes.
Pero llama la atención que la práctica religiosa en ese espacio aparezca repetitiva, superficial e irreflexiva.
Y es que el valor humano de la práctica religiosa radica en la capacidad de experimentar lo divino desde la misma humanidad, porque no conocemos a Dios de manera directa y material. Nunca lo hemos visto, independientemente de que algunas personas se atribuyan milagros y apariciones.
Lo que sí podemos tener los seres humanos es sensación de cercanía con Dios mediante la fe, la oración y la compenetración espiritual.
Los mensajes religiosos que se reparten en las redes sociales no logran ese objetivo. Son fetiches que no resisten siquiera el recuerdo, más allá de que su constante reenvío genera en muchas personas la sensación espuria de cercanía con Dios, de una adoración, que se esfuma rápidamente en el continuo bombardeo cibernético.
Si Jesucristo nos hablara directamente hoy, quizás diría que es una blasfemia invocar su nombre y el de Dios para tantas trivialidades.