Religiones
Jesucristo es la gran metáfora del amor de Dios
Tradicionalmente, a los niños se les ha ocultado o postergado el conocimiento de ciertos hechos y aspectos de la realidad, mediante negación absoluta, o con maneras suavizadas o acarameladas.

Arte
Tradicionalmente, a los niños se les ha ocultado o postergado el conocimiento de ciertos hechos y aspectos de la realidad, mediante negación absoluta, o con maneras suavizadas o acarameladas.
Lo cierto es que nuestra existencia tiene aspectos duros y hasta crueles que ni siquiera después de adultos los aprendemos a manejar correctamente.
Las religiones y otras formas tradicionales de ayudar al hombre a aceptar y entender el presente, lo han intentado contándonos el pasado y dibujándonos el futuro.
Independientemente de cuanto sea verdad, metáfora o fantasía, de muchas maneras estos relatos nos suelen ayudar a aceptar y manejar nuestra vida diaria y a organizarnos para lo que viene.
En reciente publicación de “Areíto”, la escritora Ofelia Berrido se refirió a “la desproporción entre desarrollo tecnológico y desarrollo moral” de la humanidad.
En su excelente artículo sobre “El libro de Enoc”, la autora nos habla, precisamente, de una serie de las consecuencias de revelaciones de conocimientos para las cuales los humanos no estaban aún preparados, por parte de seres celestiales carentes de la autorización del Creador.
Los relatos de la Biblia cristiana refieren casos de ocultamientos que serán revelados oportunamente en el futuro.
En la cultura popular de diferentes épocas han surgido muy diversos relatos y sátiras acerca de los verdaderos motivos de “la negación de la manzana a Adán y Eva”; algunas muy divertidas humoradas, particularmente las referidas a la prohibición del “fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal”.
El mayor propósito del libro “Esaú”, publicado varias décadas atrás, me empeño en mostrar la tradición escrita del cristianismo como una enseñanza clara y racional, dentro de los parámetros de la cultura y el conocimiento de cada época y nación. Y de poner de manifiesto la racionalidad absoluta de determinados hechos y “ocurrencias “incomprensibles de primera intención, incluso, debidas a ciertas omisiones, acaso intencionadas, que hay en los textos bíblicos.
A cualquier lector cuidadoso del plan de Yahvé debería parecerle obvio que el conocimiento del bien y del mal no ha sido nunca materia fácil ni para pervertidos ni para autistas enajenados en su propio orgullo.
Dios mismo quiso siempre obligarnos a memorizar con durezas comparables a las diez epidemias y sus correspondientes represalias, a las que sometió a su pueblo durante el proceso de liberación de Egipto. Éxodo 10 empieza con esa expresa explicación.
Según la escritora Berrido, el caso de Enoc también demuestra que Dios quiere revelarnos sus verdades, pero solo bajo obediente aprendizaje, bajo su tutela.
Dios nos quiere espiritualmente superados. Jesús nos enseñó cómo vencer la raíz del mal que está en todo el universo, en cada átomo, en cada molécula, probablemente, en la afanosa lucha entre el Yin y el Yan; y a ver cómo, mediante el aguijón de Pablo, Dios trata de que todos lleguemos a él como energía limpia y espíritus cargados de amor.
Cualquiera puede imaginar la tristeza del Cielo cuando se observan desde las alturas las polvaredas de la estupidez y autodestrucción sobre el Mediano Oriente.