Opinión

Liderazgo empresarial

Don Héctor José Rizek Llabaly: legado de trabajo, visión y compromiso país

Don Héctor pertenecía a esa generación de empresarios que concebían la empresa como un motor de desarrollo colectivo, no como un fin aislado.

Hector Rizek LlabalyFuente externa

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La historia del desarrollo de la República Dominicana no puede contarse sin reconocer a aquellos hombres y mujeres que, desde el sector empresarial, asumieron con determinación el compromiso de construir país. Don Héctor José Rizek Llabaly fue, sin lugar a dudas, uno de esos referentes cuya vida trasciende lo económico para convertirse en un ejemplo de integridad, trabajo honrado y responsabilidad social.

A lo largo de mi experiencia como presidente del Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD), he tenido la oportunidad de interactuar con múltiples actores del sector productivo nacional. Sin embargo, hay perfiles que destacan no solo por sus logros empresariales, sino por la forma en que entienden su rol dentro de la sociedad. Don Héctor pertenecía a esa generación de empresarios que concebían la empresa como un motor de desarrollo colectivo, no como un fin aislado.

Su trayectoria empresarial estuvo marcada por la visión, la disciplina y una profunda ética de trabajo. Pero más allá de los resultados financieros o la expansión de sus iniciativas, lo que verdaderamente definió su legado fue su compromiso con el bienestar de las comunidades vinculadas a su actividad. Supo entender que el crecimiento sostenible de una empresa está directamente ligado al desarrollo de su entorno.

En el CODESSD promovemos activamente ese modelo de liderazgo empresarial: uno que dialogue, que construya consensos y que entienda la sostenibilidad como un eje transversal del desarrollo. Don Héctor encarnó esos valores mucho antes de que se convirtieran en tendencia. Su vida fue, en esencia, una demostración de que es posible crecer generando impacto positivo.

Otro aspecto que merece especial reconocimiento es el legado familiar que deja. La continuidad de sus valores en las nuevas generaciones no es casualidad, es el resultado de una cultura cimentada en el trabajo duro, la responsabilidad y la coherencia. En un país donde muchas veces se cuestiona la institucionalidad, ejemplos como el de la familia Rizek nos recuerdan que el verdadero capital se construye sobre la base de principios.

Las regiones que han contado con empresarios como Don Héctor han experimentado no solo crecimiento económico, sino también cohesión social. Esto es fundamental. El desarrollo no puede medirse únicamente en cifras; debe evaluarse también en la calidad de vida de la gente, en las oportunidades que se generan y en la capacidad de construir futuro.

Hoy, más que nunca, la República Dominicana necesita referentes que inspiren a las nuevas generaciones a emprender con propósito. Necesitamos empresarios que entiendan que su rol va más allá de generar riqueza, que implica también aportar a la estabilidad social, al fortalecimiento institucional y al desarrollo sostenible del país.

Honrar la memoria de Don Héctor José Rizek Llabaly es, en gran medida, asumir el compromiso de replicar su ejemplo. Desde el CODESSD reiteramos nuestra convicción de seguir promoviendo espacios de diálogo y articulación que permitan que más líderes empresariales se sumen a esta visión de desarrollo integral.

Su legado permanece. En su familia, en sus empresas y en cada comunidad impactada por su trabajo. Y, sobre todo, en la conciencia de que el verdadero éxito es aquel que se comparte y se construye con propósito.

Sobre el autor
Samuel Sena

Samuel Sena