Editorial

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Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán tomó el domingo el púlpito de la Arquidiócesis de Santo Domingo para tocar uno de los temas más sensibles de cuantos hieren a la sociedad dominicana. Habló el arzobispo coadjutor sobre la deshumanización de los sistemas de salud y, como correlato, acerca de la pérdida de esperanza entre los criollos más vulnerables. ¡Tremendo tema!

El religioso no se limitó a plantear un asunto de interés, sino que expresó una preocupación. Es decir, se refirió a un hecho probablemente verificado por todos los sacerdotes y capillas católicas, aquí, allá y acullá. Verificación no tan difícil, pues solo basta acercarse a los centros de salud, públicos y privados, y ver cómo es el trato y cómo rueda por los suelos la esperanza de quienes, casi siempre con dificultad, se acercan en busca de salud. Monseñor Morel Diplán vinculó el fenómeno de la deshumanización de los sistemas de salud al lucro, es decir, a la búsqueda de ganancia monetaria. Y levantó su retórica para afirmar, como si fuera una conclusión, que cuando la atención médica se rige por el lucro y no por la dignidad humana, la vida del enfermo pierde valor ante la sociedad. El paciente, apuntamos, deja de ser un enfermo y pasa a ser un cliente, un usuario.

Este diario tiene el honor de contar entre sus redactores a una distinguida periodista, doña Altagracia Ortiz Gómez, que hace pocos años presentó un libro de cerca de 250 páginas titulado “El comercio del dolor”. Precisamente, el tema es la deshumanización de los servicios de salud de la República Dominicana. En sus páginas, la comunicadora retrata ejemplos lastimosos y sobrecogedores relacionados con la deshumanización de los sistemas de salud, sobre lo cual acaba de hablar desde el púlpito sagrado el obispo Morel Diplán.

Lamentablemente, el ejercicio médico no es hoy lo que era ayer. Las nóminas de nuestros hospitales y clínicas están repletas de eminentes profesionales, hombres y mujeres, cargados de títulos, conocimientos y tecnologías. Pero no siempre están próximos al ser humano, al hombre, a la mujer, a la criatura que lleva el sello de la dignidad humana. Por supuesto, hay muchas excepciones que honran la sagrada profesión y bendicen a su nación.

La preocupación de arzobispo coadjutor Morel Diplán debe llamar la atención de los responsables de las políticas de salud, de las escuelas de medicina, sociedades médicas y Colegio Médico Dominicano. ¡Los galenos deben volver a ser profesionales que destilen humanidad!.

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