Editorial
Los preconsensos para una reforma fiscal

Editorial
Año por año, los organismos internacionales que más tienen que ver con el comportamiento de la economía dominicana plantean el escabroso tema de una reforma fiscal.
Hablan de la necesidad de instalar un sistema fiscal más amigable y manejable, con el mínimo de excepciones; sugieren tomar medidas que permitan reducir la evasión, sobre todo en el pago del Impuesto sobre la Renta y el ITEBIS.
Y se expresan también sobre el tema que parece más engorroso y polémico, cual es la reducción sustancial o eliminación de los incentivos fiscales que cada año se conceden a distintos sectores del aparato productivo.
En principio, todos los sectores de la vida nacional se han manifestado de acuerdo con una reforma fiscal. Este es un primer consenso necesario, siempre que sea sincero y no una pose para consumo de la opinión pública. Su sinceridad o no se vería cuando se propongan figuras fiscales específicas y comiencen las discusiones sobre ellas. Porque, como todos conocemos, una cosa es con guitarra y otra con violín o, dicho en un lenguaje más comprensible, una cosa es el discurso y otra la realidad.
El otro aspecto de la reforma fiscal es su necesidad. En general, hay consenso sobre la necesidad de esta reforma, porque así lo expresa la política de endeudamiento y la otra política, la de inversión pública. El país dedica cada año fondos extraordinarios para cumplir con el servicio de una deuda pública –interna y externa- que se ha hecho necesaria porque los ingresos tributarios internos son insuficientes para financiar los requerimientos sociales. Obviamente, entonces, la reforma tendría el importante propósito de entregarle al Estado más recursos para no tener la necesidad de contratar préstamos en la cantidad que se hace ahora, y porque se requieren más fondos para ampliar las inversiones públicas. Este es otro consenso.
Como podemos apreciar, lo que falta ahora, vistos estos consensos preliminares, es que los técnicos del Gobierno, los diseñadores de políticas tributarias, pongan las manos en el arado y presenten al país una propuesta reformadora para la fiscalidad dominicana. El ministro de Hacienda, don Magín Díaz, ha hecho acopio de su conocido sentido práctico y ha dicho que, en su opinión, una nueva iniciativa de reforma fiscal debe tener dos elementos: gradualidad y viabilidad política.
Sigamos razonando.