Un desafío
América Latina es una región del mundo de la que es difícil hablar sin recurrir a términos que se refieren a situaciones negativas como brechas, desigualdades, subdesarrollo, desequilibrios, etc.
Pero al mismo tiempo -cabe reconocer- se han ido haciendo familiares y de uso obligado, conceptos tales como personal computer, sociedad del conocimiento y tecnología de la información.
Resulta patente que el desarrollo y el crecimiento económico con distribución equitativa de sus frutos no podrían alcanzarse de manera óptima sin esfuerzos que incluyan la difusión y empleo de tecnologías avanzadas.
En la Era Digital en que vivimos, los recursos de la informática deben constituir una de las principales herramientas para la producción y también para impulsar transformaciones con el propósito de que las colectividades eleven sus condiciones de vida disponiendo de suficientes servicios de educación y salud, dos de las áreas imprescindibles para reducir el desempleo y disponer de mano de obra calificada.
-II-
No puede perderse de vista que en países como estos del Tercer Mundo se acumulan las consecuencias de una larga postergación. Un sector mayoritario de los ciudadanos ha estado marginado.
La proporción de gente pobre, o de extrema pobreza y analfabeta, llega a niveles indignantes en muchas sociedades en las que minorías dominantes y una clase política irresponsable hicieron poco por romper el círculo vicioso que ha ocasionado que las necesidades de pan, escuelas y hospitales pasen de generación a generación con pocas modificaciones.
La República Dominicana ilustra bien sobre esto: puntera en crecimiento económico, pero no en cerrar paulatinamente sus brechas ancestrales; una de las naciones de la región que más hombres y mujeres arroja a la migración, a veces bajo extremas condiciones materiales y legales.
Además, con muy bajos índices de inversión en educación, salud y gasto social, padeciendo estructuras demasiado resistentes a rectificaciones; un país con atrasos en la adecuación a los tiempos.
Con un sistema de Seguridad Social que se petrifica antes de funcionar y una infuncionalidad para reformar leyes e infraestructuras que garanticen que la globalización sea de beneficio para todos, sin dañar a los productores.
-III-
Somos en definitiva una nación urgida de impactos modernizadores, como los que suelen asociarse a las tecnologías de punta y a la informática, pero que impliquen repercusiones que atraviesen a todas las capas sociales; que lo mismo sirvan para extender la escolaridad en campos y villas urbanas de miseria que para aprovechar los satélites como instrumento para el trabajo agrícola.
O también para que las universidades conviertan los bancos de datos de cualquier lugar del mundo en recursos para la preparación más efectiva de profesionales, a tono con un gran plan nacional de desarrollo.
Es factible apoyarse en las mejores tecnologías del presente para comenzar a subsanar, con renovado optimismo, las omisiones y fallas del pasado.
La construcción de un mejor país debió comenzar, con plena intensidad, mucho antes de que la marginación se convirtiera en un contundente pasivo para los dominicanos.
La acumulación de males de solución pendiente constituye, sin duda alguna, un desafío para los recursos tecnológicos que se han puesto en boga, y también para quienes se proponen emplearlos para transformar positivamente a la sociedad.