El Estado, más que un producto

Samuel Luna
Hace poco recibí una información titulada: “República de ideas”. Cuando vi y escuché el video, entendí que el gobierno dominicano se ha propuesto una meta de ser un país plenamente desarrollado para el 2036. El video decía que lograrlo no depende sólo del gobierno , depende de ti, de mi, de todos y todas. Seguí escuchando la buena intención de dicho video, que también decía que el gobierno desea escuchar las ideas de todos, los sueños que tenemos. «República de ideas», es un concurso nacional que busca desarrollar el país y las familias dominicanas.
El concurso -República de ideas- es claramente una manera de generar participación y acción en el ciudadano con la meta de generar cambios y progreso en todas las áreas y esferas que intervienen el funcionamiento del Estado dominicano. Lo que me preocupa es que el Estado no es un producto, no somos una cerveza o un chocolate orgánico. Somos una sociedad fragmentada, y vuelvo a decirlo, sin una cohesión social, es como que el partido político que representamos está por encima de los beneficios colectivos que nos podrían llevar hacia el desarrollo.
La acción del presidente Luis Abinader merece un aplauso, porque está motivando al pueblo dominicano a ejercer la democracia más allá del sufragio, está invitando a todos los sectores a ejercer la potestad ciudadana, a sentirse dueño del Estado dominicano; además, el presidente Abinader toma la idea y creencias de Max Weber, que las ideas con peso y carácter tienen consecuencias y pueden servir para generar una transformación y desarrollo que beneficie a todos los sectores y a las familias dominicanas.
Es bueno aclarar, que un país no solo se va a desarrollar con buenas ideas, si no existe una intención de parar los flagelos que afectan el país, como la híper corrupción, el clientelismo, la ausencia del imperio de la ley, y otros más, lo que pasaría es que las ideas caerían, como dice aquel merengue, “agua en un jarro pichao”. Sería todo una catarsis social, emoción y hasta populismo. Los cambios no son logrables donde hay corrupción, injusticia y una educación muy precaria. Creo que 11 años es muy poco. Señor Luis Abinader, a Singapur le tomó 11 años para iniciar el proceso de desarrollo que hoy ellos disfrutan. Pero el primer ministro de Singapur usó enérgicamente la ley, la aplicó, invirtió en la educación, hasta el punto que “importó” profesores de Israel y de Corea del Sur, realmente fue intencional e invirtió agresivamente en la educación. Eliminó a los corruptos y a los corruptores.
La mejor idea es implementar la ley, la justicia, y usted como presidente posee la facultad de hacerlo, junto al congreso y las fuerzas del orden. No estoy en contra de esa iniciativa, aunque debemos despertar y ser realistas. Porque el país y el Estado, son más que una bebida o un chocolate.