Opinión

Ramón Albuquerque

“¡Entren todos, coño!”

En ese contexto, Ramón Alburquerque —quien acompañaba a los munícipes perredeístas— forcejeó con las tropas policiales, derribó una valla y llamó a los delegados a ingresar a la sede con la ya histórica frase: “¡Entren todos, coño!”, dicho “todos” con todas sus letras, no con la apócope to' que algunos repiten.

Ramón Albuquerque

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Un día como ayer, 25 de enero, pero de 1999, el entonces presidente del Senado de la República, Ramón Alburquerque, pronunció una frase que quedó grabada en la memoria política dominicana: “¡Entren todos, coño!”.

Aquella exclamación, que aún resuena en el imaginario colectivo, condensó la indignación de la oposición frente al asalto institucional que ejecutaba el gobierno del presidente Leonel Fernández para despojar al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) de la mayoría que el voto popular le había conferido en las elecciones municipales de 1998.

Sin embargo, con frecuencia personas y medios reducen el episodio a la bravura del gesto y a la frase altisonante, despojándolo de su verdadero significado político. Se pasa por alto que aquel acto fue la respuesta a una operación de fuerza ejecutada mediante la Policía Nacional, institución que entonces —como en otros momentos de nuestra historia— fue utilizada como instrumento político del partido gobernante.

Conviene recordar que esa práctica había comenzado a ser desmontada a partir de 1978, bajo el liderazgo de José Francisco Peña Gómez, Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco, cuando se impulsaron reformas fundamentales, entre ellas la despolitización de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, cuerpo llamado exclusivamente a garantizar el orden público y la seguridad ciudadana.

¿Qué provocó, entonces, la confrontación entre la Policía Nacional y un grupo de legisladores encabezados por Ramón Alburquerque, junto a alcaldes y dirigentes perredeístas?

La respuesta es clara: en 1998 el electorado otorgó al PRD una victoria contundente, con mayorías abrumadoras tanto en el ámbito municipal como en el legislativo. Esa correlación de fuerzas debía traducirse, conforme a la lógica democrática, al control perredeísta de la Liga Municipal Dominicana, órgano rector de los gobiernos locales.

Pero el primer gobierno del PLD, encabezado por el presidente Fernández, desacató la voluntad popular y organizó una serie de maniobras para arrebatarle al PRD la dirección de la Liga.

El partido denunció que desde la entonces Secretaría de Interior y Policía se desplegó una operación de compra de delegados, mediante exoneraciones, armas, contratas y otras prebendas para impedir que la Asamblea de la Liga votara en favor del ingeniero Julio Maríñez, y frustrara la reelección de Amable Aristy a quien el gobierno del PLD le montó una ilegal asamblea en La Romana.

Ante esta situación, los alcaldes y delegados municipales del PRD se dirigieron a la sede de la Liga Municipal Dominicana para celebrar la asamblea correspondiente. Fue entonces cuando, por orden gubernamental, la Policía Nacional ocupó y cercó el edificio, impidiendo el acceso de los delegados electos.

En ese contexto, Ramón Alburquerque —quien acompañaba a los munícipes perredeístas— forcejeó con las tropas policiales, derribó una valla y llamó a los delegados a ingresar a la sede con la ya histórica frase: “¡Entren todos, coño!”, dicho “todos” con todas sus letras, no con la apócope to' que algunos repiten.

El gobierno no permitiría que los representantes municipales, elegidos mayoritariamente por el pueblo, ejercieran su derecho democrático. Además de su policía política, el gobierno del PLD recurrió al despliegue de tanques de guerra y helicópteros, en una de las jornadas represivas más violentas que se recuerden, con legisladores y alcaldes brutalmente golpeados y heridos por perdigones.

Dedico esta columna al gesto digno y valiente de Ramón Alburquerque, hoy afectado por una enfermedad frente a la cual amplios sectores del pueblo dominicano elevan cadenas de oración por su recuperación. Más allá de la anécdota, aquel “¡Entren todos, coño!” fue un acto de resistencia democrática frente al abuso del poder.

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Nelson Marte

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