La Policía

Bonaparte Gautreaux Piñeyro
Desde su origen, la Policía Nacional fue manejada para beneficio de la tiranía que encabezaba Trujillo con visión militar. Ello explica la constante de designar como jefe del cuerpo a un oficial superior militar.
Un militar y un policía son entrenados para desempeñar roles muy diferentes. Básicamente, el policía debe trabajar en el mantenimiento del orden público, el militar tiene como misión defender la Constitución de la República y, especialmente, la soberanía nacional.
Roles diferentes deben tener entrenamientos distintos, claramente diferenciados.
Ahora que se habla, de nuevo, de un plan de reforma para la Policía, el primer primero, como diría el inolvidable Jorge Puello Soriano (El Men), es el conjunto de requisitos para el ingreso al cuerpo.
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Además de los documentos de identificación y los récords de notas y título de bachillerato, cartas de los curas o pastores de la iglesia del barrio o pueblo, carta de la junta de vecinos y carta del club deportivo. Estado físico excelente. Estatura mínima de 5 pies 8 pulgadas. Prueba de velocidad en 100 metros planos. Someter al aspirante a pruebas de natación, prueba de lectura y escritura.
Una vez aceptado, intenso programa de clases de karate, defensa personal sin armas, con cuchillos, con palos, manual de macana.
Práctica de tiro con revólver, con pistola, con escopeta y con ametralladora ligera.
Clases de vigilancia, observación, inteligencia y forma de recopilar datos en el teatro del crimen.
El entrenamiento del recluta debe ser estrictamente en materias que interesen y convengan a un agente de la Policía para el desempeño correcto de su misión de salvaguardar el orden público.
Las clases sobre el conocimiento de la Constitución, respeto a los derechos humanos y elementos del Código Penal, deben ser enseñadas de forma tal que cada agente sepa cuál es su deber y cuáles sus derechos.
Lo más importante no es enseñar a un muchacho a marchar en orden cerrado, a saludar los símbolos patrios y a sus superiores, lo más importante es inculcarle que su misión es preventiva, disuasiva y ejecutiva, que el arma que porta no es para agredir, sino para defender a los ciudadanos.
Obviamente que un programa así, y lo que falta, no es como para que envíen a las calles a un joven uniformado como policía a los dos meses, aunque sea sin armas.
Nada más feo que un policía garateando con una persona sin tener el entrenamiento para dominarlo. Evitemos ese espectáculo.
Ojalá que esta vez haya una reforma de verdad y que la Policía sea policía y deje de tener carácter paramilitar.
Amén.