Guardianes de la verdad Opinión
Samuel Luna

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Raro es aquello que no es corriente, y nuestro país es raro porque tiene bastante oro verde. De hecho, a las “tierras raras” se le llama oro verde debido a la importancia económica que posee y su amistad con el medio ambiente y la ecología. Y me gustaría aclarar que las famosas tierras raras ni son tierras y mucho menos raras, son minerales críticos porque no se encuentran en grandes concentraciones y por eso es difícil su extracción y su refino. Lo que sí podemos afirmar es que nuestro país es raro porque es único, es geocéntrico, posee una historia rica, nuestra identidad cultural es basada en una fusión étnica envidiable, nuestras playas con arenas raras y blancas, playas con aguas azules y no frías. Ríos, montañas, minerales, el mejor cacao orgánico, y nuestras tierras son perfectas para el cultivo de muchos productos que no pueden crecer en otros países. Nosotros podemos ser autosuficientes y al mimos tiempo convertirnos en exportadores de muchos de esos productos.

Somos un país raro no porque tenemos “tierras raras”. Somos raros porque nuestra riqueza es única y deseable por muchos países. Lo raro es que no entendemos esa rareza. Lo raro es que seguimos con una población caminando descalza en calles revestidas de oro y mojada por los verdes arrozales. Seguimos con un pueblo sediento en medio de tantas aguas. Lo raro es que no hemos podido crear una cohesión o sinergia para generar una nueva cultura política con el propósito de frenar el culto a los presidentes y funcionarios que se creen dueño del Estado dominicano y promover más la real democracia que es raramente representativa. Lo raro es que seguimos inmortalizando a Peña Gómez, a Juan Bosch, a Balaguer, a Caamaño, a Juan Pablo Duarte, y todos esos esfuerzos ideológicos y de liderazgo no han podido generar una transformación sustancial en el comportamiento social del dominicano y del Estado.

Hablando de tierras raras, debemos estar más que claros, que esas tierras raras no nos producirán riquezas que beneficien a la población. hasta no ver un movimiento raro que sea raro para la sociedad. Necesitamos algo raro que no sea común. Hasta ahora los partidos convencionales ya no son raros. No es suficientes poseer recursos para generar una cultura de Estado que arranque de raíz las mañas de nosotros los dominicanos; necesitamos gentes raras que operen sin usar los elementos y las estrategias que los líderes anteriores han usado. Lo normal ha sido el clientelismo, el asistencialismo, pagar a los ciudadanos para que voten por el partido. Lo normal ha sido crear una cultura de dependencia para generar más pobreza. Lo normal ha sido un sistema educativo dirigido por el partido que esté gobernando el Estado. Lo normal es no tacar lo intocable.

Ya somos un país raro, no necesitamos tierras raras para convertirnos en un país estable y próspero. Necesitamos gentes raras y apoyadas por un pueblo que se transforme en raro. Los siguientes países no poseen recursos naturales como posee la República Dominicana; sin embargo, son países prósperos, nos referimos a Japón, Corea Del Sur, Singapur, Suiza, Italia; hay muchos más países igual que esos, pero todos esos países no son ricos porque poseen tierras raras, no es porque son asiáticos, todos ellos tienen su historia de pobreza y de luchas políticas e ideológicas. Esos países son diferentes porque se atrevieron a pensar de forma rara.

Pensar de forma rara es innovar, pensar de forma rara es ser crítico y generar soluciones, pensar de forma rara es actuar fuera de lo tradicional, de aquello que no produce vida ni riquezas. El libro antiguo pero relevante; sí, ese mismo que está en el centro de nuestra bandera, nos impulsa y nos avala para pensar correctamente, nos dirige hacia la justicia, nos impulsa a cuidar el medio ambiente, nos obliga a no robar, a no matar. Ese mismo libro nos dice que no debemos torcer la justicia; que no debemos hacer acepción de personas, ni tomar soborno, porque el soborno ciega los ojos del sabio y pervierte las palabras del justo. Ser raro es simple pero cuesta; las tierras raras existen pero el proceso de extraerlas es complejo, nuestro país también es raro porque posee muchas riquezas. Lo que nos convierte en raro es transformar las precariedades sociales, políticas, económicas y culturales a través de prácticas raras pero que funcionen para nuestra raro país.
Para lograr esa meta nos falta una sola cosa: ¡Líderes raros!

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Samuel Luna

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