Opinión

Conferencia

Un mundo de autistas y autocomplacientes

Recientemente asistimos a la PUCMM, invitados por el decano Radhamés Mejía, a una conferencia sobre “La Sociedad de la desconfianza”, que por Internet tuvo la amabilidad de impartirnos la autora del libro del mismo nombre, Victoria Camps.

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Recientemente asistimos a la PUCMM, invitados por el decano Radhamés Mejía, a una conferencia sobre “La Sociedad de la desconfianza”, que por Internet tuvo la amabilidad de impartirnos la autora del libro del mismo nombre, Victoria Camps.

La exposición nos refirió a la eterna temática del ego mal criado, y a la sociedad actual, a la que el mundo del presente lleva a toda velocidad a su auto disolución. O sea, a la que otros autores han llamado “sociedad líquida”, “La decadencia de Occidente”, y unos cuantos otros modos de describir la realidad social del presente, abatida por el “consumismo” y todo lo que es consonante con la mitología griega y occidental y los personajes que desde la antigüedad los grandes autores y la tradición oral nos legaron, el tema del narcisismo y el pecado contra Dios y el prójimo. Los cuales apuntaron desde el inicio de la civilización al orgullo, el auto centrismo, la autocomplacencia y otras variantes conductuales basadas en la perversión o la administración inadecuada de las necesidades, los deseos, emociones e impulsos humanos básicos.

Autores como Freud y Fromm nos han advertido, especialmente, también a nuestro ego y al manejo de los impulsos y tendencias sexuales. Hoy día suben al escenario con cada vez mayor fuerza temas relacionados el egocentrismo y las dificultades cada vez mayores de lograr una relación más aclimatada entre la pareja hombre mujer.

Lo cual contrasta duramente con un mundo que valora cada vez más el placer y la vida fácil, la satisfacción y la auto suficiencia y autocomplacencia.

Y desde luego, crece constantemente la desconfianza al otro, pero también el miedo a la libertad que hoy resulta ser excesiva comparada con la capacidad de auto regulación y el manejo de la relación con los prójimos.

Y mientras los padres ya mayores son abandonados o recluidos, los humanos cada vez más confiamos y amamos más a nuestro perro, como decía Lord Byron. Por lo que no es extraño que muchos quisieran ser therians o mejor, el perrito de esa hermosa mujer con ternura acaricia.

Actualmente, crece constantemente la desconfianza al otro, pero también el miedo a la libertad que ya resulta ser excesiva comparada con la capacidad de auto regulación y el adecuado manejo de la relación con nuestros prójimos. En los hogares, las relaciones edípicas tienden a generar una cierta “inflamación egocéntrica”, que suele ser parte del cuadro autista, más comúnmente como mecanismo que ayuda al niño algo torpe en cuanto a lo relacional, a mejorar su sociabilidad, pero también lo mueve a formas inteligentes de concentrarse más en sí mismo, y frecuentemente a la “juguetería del conocimiento y el saber”, (especialmente al de tipo lógico-matemático o acaso científico, en el cual, como cualquier acertijo o juego de raciocinio o Inteligencia Artificial, todas las respuestas y todos los riesgos probabilísticos están en las fórmulas, en los textos, o en Google.

Así como un cuasi enfermizo temor a lo desconocido, a lo no domesticado por el razonamiento lógico-empírico: El mundo espiritual, por ejemplo.

Sobre el autor
Rafael Acevedo

Rafael Acevedo