Reflexión
Un mundo cada vez más complicado
Es necesario que nos esforcemos por conocerlo cada vez más, porque vivimos en una disyuntiva internacional difícil y complicada que amenaza la supervivencia de la humanidad.

Vernos y actuar en este mundo actual
No basta con entender el mundo. Es necesario que nos esforcemos por conocerlo cada vez más, porque vivimos en una disyuntiva internacional difícil y complicada que amenaza la supervivencia de la humanidad.
La nueva doctrina de política internacional de Estados Unidos, en respuesta a los grandes cambios en el mundo y su imperiosa necesidad de reconstruir su economía y recuperar el terreno perdido, junto a su no disimulada agresividad, en la ejecución de esa nueva doctrina en América, Europa y Asia, junto con la guerra de Ucrania y el militarismo expansionista de Israel, son las principales causas de la inestabilidad internacional que el Foro de Davos y las conferencias de Ginebra y de Múnich han puesto al desnudo, con los tambores de guerra suenan cada vez con más fuerza, siendo evidente que los líderes del mundo han asimilado que ya las reglas, los acuerdos y tratados que nos regían ya no existen y que fueron sepultados por la rapidez de los grandes cambios que estamos presenciando.
La banal cotidianidad en la que se desenvuelven los pueblos impide que comprendan la realidad y los peligros que nos acechan. Estamos a las puertas de una catastrófica guerra mundial con armas atómicas que en segundos aniquilarían ciudades y países enteros, haciendo desaparecer centenares de millones de seres humanos, entre los cuales debemos incluirnos. Por eso, más que de la trampa, debemos hablar de la encrucijada de Tucidides
Se impone volver a convertir en un clamor generalizado la lucha por la paz, el rechazo a las amenazas, a las agresiones y las guerras, a insistir en la eliminación de las armas nucleares, convertir la región del Caribe y América Latina en una zona de paz, de exclusión de las armas atómicas y de destrucción masiva. Debe ser el sentir de los pueblos del mundo.
Tal vez eso solo sea una aspiración y que la cruda realidad obligue a que el rearme y los planes de guerra sean el camino que se impone. En el curso de la segunda guerra mundial el Vaticano reclamó participar en una de las conferencias celebradas entre las potencias aliadas, y Stalin la desaprobó preguntando a Churchill cuántos tanques tiene el Papa.
Tal como lo sostienen Xi Jinping y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, hay que tener como norte procurar un mundo compartido de toda la humanidad, basado en la cooperación, los beneficios mutuos y la buena voluntad, alejando los nubarrones de la guerra y la extinción planetaria. Contrario a lo proclamado por Irán, Israel y Polonia la energía atómica solo debiera usarse con fines pacíficos.