Política
Un partido auténtico
No puede ni debe ser un simple amasijo de gente que solo procure su propio bienestar, muchas veces brincando de un partido a otro.

Partidos políticos
Un partido, llámese como se llame, PRM, PLD, FP o PCT, para ser auténtico y verdadero debe encarnar y representar un proyecto de nación, es decir, el país y sociedad que aspiran a construir sus líderes y membresía.
Sea revolucionario o conservador, de izquierda o derecha, del centro o liberal, debe contar con una plataforma programática de corto, mediano y largo alcance. Debe tener una doctrina y principios ideológicos que lo cohesione, le dé alma, espíritu, identidad y fisonomía propia.
No puede ni debe ser un simple amasijo de gente que solo procure su propio bienestar, muchas veces brincando de un partido a otro. No es la sumatoria de tres o más grupos conformados alrededor de personajes o líderes que aspiran a ganar una posición electiva en el ámbito de un distrito, un municipio, una circunscripción, una provincia o a nivel nacional.
Hay quienes arman una candidatura presidencial en virtud de la posición alcanzada por la vía de un decreto o designación del Poder Ejecutivo en un ministerio o dirección general, atrayendo a una clientela y logrando notoriedad pública. Pero resulta que eso no es liderazgo ni crea vínculos e influencia duradera, tampoco capacidad de convocatoria y fidelidad de seguidores, que en su mayoría solo buscan un empleo y ventajas de las que proporciona el poder.
En gran medida se ha pervertido el quehacer político y cualquiera puede postularse con mucho dinero, aun cuando no sepa escribir ni hablar y sin que se conozca el origen de su fortuna. De la noche a la mañana hay quienes adquieren una candidatura y encuentran cientos de seguidores y activistas. Y ya… es un líder o posible alcalde o legislador. Esa degeneración de la actividad política y la paulatina degradación de los partidos se corresponde con el generalizado criterio de que los partidos son maquinarias electorales y que su existencia y utilidad está circunscrita a las campañas electorales, algo parecido a la afirmación aquella de que “las bases están para ser pisadas”, y ciertamente la militancia de los partidos tradicionales se siente “usada” y “pisada” por las cúpulas en cada coyuntura electoral.
Sin pretender el modelo leninista de partido, eso debe de cambiar, o por lo menos ser encarado mediante la instauración y el ejercicio de una práctica política diferente, seria y responsable, para hacer de los partidos instrumentos de cambios, en procura de un mejor país y una sociedad en la que cada individuo y familia encuentren espacios para su crecimiento material y espiritual.
Para cambiar, los líderes deberían dedicar más tiempo, espacios y recursos en la formación de su membresía.