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Reflexión

Nunca dejes de aprender

Comparto, amigos lectores, mi ponderación sobre la obra del profesor Francisco Luciano el pasado 29 de abril en la Biblioteca Nacional.

Francisco Luciano

Francisco Luciano

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Comparto, amigos lectores, mi ponderación sobre la obra del profesor Francisco Luciano el pasado 29 de abril en la Biblioteca Nacional.

Personalidades del ámbito político, académico, intelectual, funcionarios públicos allegados al autor participaron en el lucido acto.

Escribir con la idea de publicar lo que usted escribe es acto de madurez. Quien toma esa decisión ha comprendido que algunos hechos del reciente o lejano pasado adquieren en sus pensamientos una trascendencia que resulta imposible postergar en el tiempo. Reconocer que aquel tema, experiencia, motivación es para usted de una relevancia tal que no puede contenerlo, necesita darlo a conocer. Permitir que aquello que bulle en su mente salga a recorrer las calles, que el mundo le conozca, que reflexionen sobre lo expuesto tal y como usted lo ha hecho durante semanas, meses, años y en ocasiones durante toda la vida.

Detengamos el silencio, demos paso a la experiencia acumulada, llegó el momento de develar las cortinas para que la luz inasible e imprescindible a la vez, llegue a los demás y ellos disfruten de ese compartir que nos enriquece.

Cuando usted escribe lo que piensa, disfruta, acogota, está asumiendo un digno papel, su forma de analizar las cosas le hacen llevar a otros aquello que hasta ahora era sólo parte de su experiencia de vida, infortunios, éxitos, recaídas, para, obligado, por las circunstancias, ponernos de pie, continuar con firmeza trillando caminos que nos obligaron a pensar, decidir, desear cosas como cualquier humano, pero todo aquello con algún valor requiere de esfuerzo sostenido y firme en el tiempo.

El autor de esta obra, el destacado amigo Francisco Luciano, en un acto de amor, nos presenta la vida de su progenitora de manera entusiasta, amena, sin reconditeces. Un libro que nace de aquellas experiencias que calaron profundamente en la mente de un niño/adolescente que vio discurrir sus años junto a sus hermanos en un ambiente de limitaciones, donde cualquiera de convicciones medianas podría renunciar: “En este infierno no me quedo”.

No sabían de la sabiduría, entereza, determinación, temple y convicción de una señora que no sabía leer ni escribir. Quien demostró arrojo, tenacidad, fuerte espíritu para vencer obstáculos, proteger, destacar su familia ¡Llegó doña Bella! decidida a forjar una familia digna en un entorno poco apropiado. Sin conocimientos de la letra, pero, con inteligencia, perseverancia pasmosa, solidez en sus principios, tiró las limitaciones a un lado, decidió sin vacilaciones conformar una familia honrada, trabajadora, que aprendiera la letra, para que no se repitiera la experiencia vivida en la familia que dio origen a su descendencia.

Mujer visionaria, comprometida con su familia, incansable luchadora que logró pasarle por encima a su enfermedad mental (que menciono porque ya el autor en acto de plena honestidad expresó), la conocí en su casa en Buenos Aires de Herrera, como profesional le traté, por suerte con mucho éxito. Compartimos algunas tazas de café en amenas e interesantes conversaciones, mostrando en ellas una sapiencia y dominio de vida digno de ser mencionado, siempre encontraba inteligentes, llanas salidas a complejas dificultades, “Hagamos como doña Bella, encontremos una salida fácil a cualquier situación difícil”.

“Que nunca dejes de aprender la letra” comprensión dinámica del papel de la educación en la vida. Aprender sinónimo de: constancia, continuidad, perseverancia, superación. Es tener metas bien definidas, caminar hacia ellas con determinación, firmeza.

Ante la dimensión humana, la capacidad de aprender de la vida para enseñar sobre la misma me lleva a proponer que la historia relatada de manera detallada por su hijo, sea convertida en obra de teatro o cortometraje, argumentos y razones sobran. 

Sobre el autor
Julio Ravelo Astacio

Julio Ravelo Astacio

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