¿Cuáles son las implicaciones de tener una deuda externa tan alta para la economía de un país en desarrollo como República Dominicana?

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Este 21 de julio se recuerda el anuncio histórico de Rafael Leónidas Trujillo en 1947, cuando declaró que República Dominicana había pagado por completo su deuda externa. En ese momento, el país se convirtió en uno de los pocos del mundo sin compromisos financieros internacionales. Hoy, sin embargo, la situación es muy distinta.
La deuda externa del sector público no financiero de República Dominicana alcanzó los 44,412.3 millones de dólares, según la Dirección General de Crédito Público del Ministerio de Hacienda, hasta el 31 de mayo de 2025. Ese monto representa el 34.1% del producto interno bruto del país.
El economista Winston Marte explicó al periódico Hoy que la deuda no debe juzgarse como buena o mala, sino por su propósito:
“Para un país tiene sentido endeudarse siempre y cuando destine los recursos financieros a la inversión en obras de infraestructura como carreteras, puentes, presas, sistemas de transporte masivos, entre otras de alto retorno para la República Dominicana.”
Sin embargo, advirtió que el uso de créditos para gastos corrientes como salarios, pensiones o publicidad estatal compromete la sostenibilidad fiscal, obligando al gobierno a realizar reformas tributarias que afectan a empresas y ciudadanos.
De su lado El economista Guillermo Caram ha emitido una dura crítica al manejo histórico de la deuda externa en República Dominicana, calificándolo como “altamente irresponsable”.
Según Caram, los gobiernos han utilizado el endeudamiento externo no para impulsar el desarrollo, sino para encubrir déficits fiscales generados por gastos corrientes excesivos e improductivos.
Uso de bonos soberanos:
Se han emitido para cubrir déficits, en lugar de financiar proyectos productivos. “El financiamiento externo antes se destinaba a obras que generaban empleo y crecimiento económico. Hoy se usa para tapar agujeros fiscales,” afirmó.
«Hubo un tiempo en que el financiamiento externo se destinaba a financiar el costo en moneda extranjera de inversiones en proyectos de infraestructura que incrementaban la producción y generación de puestos de trabaja así como a otras iniciativas propulsoras del crecimiento económico», precisó el exgobernador del Banco Central al periódico Hoy.
Trujillo- Hull
La firma del Tratado Trujillo-Hull, el 24 de septiembre de 1940, marcó un antes y después en la historia dominicana. A partir del 25 de septiembre, el país recuperó el control de sus aduanas, que desde 1905 habían estado bajo administración estadounidense como garantía de pago de la deuda externa.
Este acuerdo, firmado entre Rafael Leónidas Trujillo y el secretario de Estado estadounidense Cordell Hull, permitió al gobierno dominicano gestionar directamente sus ingresos aduaneros, lo que facilitó la amortización de la deuda externa acumulada desde el siglo XIX.
Gracias a los mecanismos establecidos en el tratado, la deuda externa se redujo a US$9,271,855 en julio de 1947 y fue completamente saldada el 19 de julio de ese año. Este logro fue utilizado por Trujillo como parte de su estrategia de propaganda, proclamándose a sí mismo como el “Restaurador de la Independencia Financiera”, título que luego fue ratificado por el Congreso Nacional

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