Impacto
Efecto de aumento del petróleo sería moderado
El impacto sobre el PIB del aumento de la factura petrolera sería 0.5% anual, pero como se espera que la perturbación termine en dos o tres meses, sería mucho menor

El mayor riesgo sería que cerrado el estrecho de Ormuz y haya daños a infraestructura petrolera.
El incremento de los precios del petróleo sobre la economía dominicana, derivado del conflicto en el Medio Oriente, tendría un impacto moderado, lejos de resultar traumático.
Diversos factores contribuirían a amortiguar sus efectos.
En primer lugar, el escenario que concita mayor consenso entre los analistas sitúa el precio del crudo Brent Crude en torno a los 80 dólares por barril y el West Texas Intermediate (WTI) alrededor de los 75 dólares.
Cabe recordar que el presupuesto nacional fue elaborado sobre la base de un precio promedio de 65.5 dólares por barril. Asimismo, se estima que la perturbación en el mercado tendría una duración limitada, de entre dos y tres meses.
En segundo término, conviene subrayar que el precio de referencia para la economía dominicana es el WTI y no el Brent —este último suele incorporar con mayor intensidad la prima de riesgo geopolítico—. Finalmente, los avances registrados en la diversificación de la matriz energética han reducido la vulnerabilidad relativa de las finanzas públicas y de los precios internos de los combustibles ante variaciones en el crudo.
En el contexto actual de tensiones en el Medio Oriente, lo previsible es que el Brent incorpore una mayor prima geopolítica, mientras que el WTI experimente un alza más contenida, ampliándose así el diferencial entre ambos marcadores. A diferencia de etapas pasadas —cuando el “Texas” cotizaba por encima—, en la última década el comportamiento habitual ha sido que el Brent se sitúe por encima del WTI. Este cambio se tornó estructural tras el período 2011–2014, cuando un exceso de crudo en Cushing, Oklahoma —punto de entrega del WTI— provocó que este marcador cotizara con un descuento significativo frente al Brent.
Ese patrón se ve reforzado hoy por el hecho de que Estados Unidos se ha consolidado como el mayor productor mundial de petróleo. Cuando existe abundancia interna, la presión bajista en el mercado doméstico tiende a mantener el WTI relativamente contenido.
Los acontecimientos recientes ilustran esta dinámica. Tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, el WTI registró un aumento aproximado de 8.4 %, equivalente a unos 5.6 dólares por barril respecto al cierre del viernes previo a la escalada del conflicto, situándose en torno a los 75 dólares en los días posteriores. En paralelo, los precios internacionales —como el Brent— alcanzaron máximos cercanos a 80–82 dólares por barril (alzas de entre 8 % y 13 %), impulsados por los riesgos de interrupción del tránsito por el estratégico Estrecho de Ormuz, punto neurálgico para el comercio mundial de petróleo.
En este escenario, que el WTI se mantenga por debajo del Brent juega a favor de una menor presión sobre el cálculo local de los combustibles, el mercado cambiario y los precios internos.
Si el WTI se estabilizara en torno a los 75 dólares, el incremento respecto al precio consignado en el presupuesto sería de 9.5 dólares por barril. Considerando que cada dólar adicional representa aproximadamente 70 millones de dólares en la factura petrolera anual, el impacto ascendería a unos 665 millones de dólares, equivalentes a 0.5 % del PIB.
No obstante, si la perturbación se limita a dos o tres meses, el efecto se traduciría en un estrés manejable sobre las finanzas públicas, muy distante de cualquier escenario traumático.