Guardianes de la verdad Economía

Magín Díaz

Interpretando al ministro de Hacienda y Economía

Envió señales claras para bajar el déficit del sector eléctrico, reducir las transferencias monetarias, así como limitar y racionalizar las exenciones fiscales para no subir tasas

Magín Díaz, ministro de Hacienda y Economía.

Magín Díaz, ministro de Hacienda y Economía.

Mario Mendez
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Creemos que ningún dominicano con discernimiento duda de que lo que hizo el ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, en su conferencia de este martes ante la Cámara Americana de Comercio, fue a preparar el terreno para una reforma, aunque aclarando que no lo hace por la existencia de una crisis.

Cuando afirmó que el Gobierno enfrenta una restricción presupuestaria brutal, que el gasto público está controlado y que la regla fiscal se ha cumplido holgadamente, la narrativa quedó delineada. El Gobierno busca desmontar la idea de que el problema radica en un gasto irresponsable. Al mismo tiempo, asume compromisos: reducir tanto las transferencias al sector eléctrico como las monetarias a través de programas sociales y alinearse con las buenas prácticas de gestión fiscal promovidas por la OCDE. La insinuación es clara: si se requieren cambios tributarios, no será por despilfarro, sino porque el Estado enfrenta límites estructurales en sus ingresos.

En ese sentido, el ministro colocó un foco particular sobre el sector eléctrico. Lo presentó como la mejor fuente para generar espacio fiscal, al reconocer que el subsidio eléctrico —que representó el 1.3 % del PIB en 2025— constituye uno de los mayores drenajes de las finanzas públicas.

También hubo un mensaje directo al sector privado. Advirtió sobre lo que este sector no debería solicitar: exenciones por agotamiento y prácticas de oportunismo post-contractual.

Las implicaciones son evidentes. Se trata de una señal contra la proliferación de exenciones fiscales. Porque incluso corrigiendo el sistema eléctrico y reduciendo transferencias monetarias, el espacio fiscal seguiría siendo limitado. El mensaje, entonces, apunta a que las exenciones tributarias serán revisadas o restringidas. Ese parece ser el camino que traza Magín para aumentar los ingresos del Estado sin elevar las tasas nominales de los impuestos.

El Gobierno parece dispuesto a usar la tijera frente al llamado oportunismo post-contractual: empresas que renegocian contratos después de firmarlos, presionan por ventajas regulatorias o buscan cambios fiscales favorables una vez realizado el capital invertido. Este fenómeno suele aparecer, sobre todo, en sectores como energía, minería, infraestructura y concesiones. En síntesis, lo que hizo Magín fue presentar la anunciada reforma tributaria como un proceso de modernización fiscal, no como un simple aumento de impuestos. Y no debería sorprender a nadie si esa modernización incluye simplificación tributaria, eliminación de gravámenes pequeños o distorsivos, ampliación de la base tributaria, reducción de transferencias tanto al sector eléctrico como las monterías vías programas sociales. Porque, al final, las reformas profundas rara vez llegan con estruendo. Suelen anunciarse con lenguaje técnico, con cifras y advertencias medidas. Pero bajo esa superficie sobria, como una corriente que corre bajo la tierra, se prepara el cambio que tarde o temprano aflora y redefine el paisaje fiscal de un país.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

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