De cañada olvidada a motor comunitario: renace el barrio La Zurza

Antes: Cañada de los Dulceros, en estado de abandono y con aguas contaminadas.
La historia reciente de La Zurza cambió a partir de un caso que estremeció al barrio capitalino. “Esa niña apareció muerta, estaba violada, había sido violada”, recuerda el general Jacobo Mateo Moquete, quien condujo la respuesta institucional.
El mayor general Eduard Sánchez González, entonces jefe de la Policía Nacional llevó el informe al Palacio. Según su relato, al leerlo el presidente Luis Abinader dio una orden inmediata: “Mire, yo dije que voy a trabajar con los barrios, voy a ayudar en los barrios, comience usted en La Zurza”.
Esa instrucción activó una cadena de llamadas al párroco Joselito Ramírez, a la junta de vecinos, a los dirigentes deportivos. El objetivo estaba justo bajo sus pies: un terreno pantanoso a menos de cien metros del río Isabela. “Estaba lleno de lodo”, describe el oficial.
La primera visita dejó escepticismo. “Nosotros estamos impuestos a que vengan y nos prometan… y luego no cumple nada”, admitiría después Rolando Franco, presidente de Ligas y Clubes. Sin embargo, gredar y camiones comenzaron a trabajar la zona y bastó un mes para nivelarla. La Corporación del Acueducto y Alcantarillado (Caasd) saneó la cañada: “Antes era la Cañada de los Dulceros, ahora es el Paseo de los Dulceros”, apunta Mateo Moquete.
El proyecto tomó forma de obra público-privada. El Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) aportó insumos; el Ministerio de Deportes, bloques; peloteros como Robinson Canó y Nelson Cruz donaron la malla ciclónica; y Vladimir Guerrero contribuyó con la mano de obra. Para blindar la confianza, se acordó el mecanismo de que los aportes se entregaban el día de pago directamente al maestro constructor. Sin intermediarios.
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Más que deporte
Pero el plan iba más allá del play. La apuesta era convertir a la Policía Nacional en puente cívico. “La policía debe estar involucrada con la comunidad… debe ser el canal fundamental de todo barrio”, sostiene el general. Con las ligas ya activas —tres, con “unos 250 niños”—, llegó la segunda etapa: capacitación corta para madres y jóvenes en la elaboración de productos de limpieza, un fondo semilla rotatorio y la ruta a formalizar una Mipyme.
Oficio y sustento
La elección del oficio fue pragmática. “Porque es lo más fácil… es lo más rápido para que ellas puedan producir dinero, -explica- es mi convicción, mi convicción de policía, es mi filosofía, eso es lo que yo creo. Yo creo en la generación de dinero por parte de las personas en sectores vulnerables”.
Las primeras 20 mujeres completaron el curso y empezaron a vender. Ana Gabriela Sepúlveda lo resume en una fórmula simple: “Uno puede hacer su propio material para uno vender… su propio producto”. El aprendizaje la sorprendió en ocasiones: “Mucha química y muchas cosas que uno dice, oh, pero esto se hace así”.
La recepción en el barrio es buena, aseguran. “La gente los busca… gastamos menos comprando esos jabones”, dicen, mientras enumeran suavizantes, champús y jabón de fregar, que consumen y venden. El mensaje se ha vuelto viral en el barrio: “Hay un dicho que dice querer es poder”.
El financiamiento también es de proximidad. Un fondo semilla compra materia prima; cada mujer produce, vende y devuelve el costo para sostener el ciclo. El club administra con cuenta mancomunada, hasta que el grupo tenga RNC y etiqueta formal. La meta del general Mateo Moquete es que lleguen a suplir escuelas y oficinas cercanas. El esquema, insisten, no regala, sino que habilita.
La intervención sumó, además, un reflejo de gobernanza cotidiana. Cuando “un transformador se revienta”, la comunidad avisa y la policía reporta. La seguridad —sostiene el oficial— se refuerza con vínculos y coordinación, no solo con patrullas.
Réplica del modelo
El modelo ya explora réplicas en Montellano (Puerto Plata) y un esquema semejante en Loma de Cabrera, (Dajabón) como es el caso de artesanía con ámbar, larimar y radiolaria (animal marino fosilizado convertido en piedra, hallado en ríos de Los Haitises y cuencas del Jamao y Camú. Su singularidad la hace materia prima de joyas artesanales). La idea matriz no cambia y procura activar el deporte, enseñar oficios, crear ingresos y tejer confianza.
El oficial condensa el propósito en una frase: “La mejor solución que tenemos a la vulnerabilidad en el aspecto económico… es que el barrio se vuelva productor”.
Gratitud
Las beneficiarias del proyecto coincidieron en expresar su gratitud. Reconocieron, en primer lugar, a Dios “por abrir las puertas en el barrio”, y agradecieron el acompañamiento del pastor José Pérez, de la iglesia evangélica, así como el respaldo de líderes comunitarios como Richard y José Luis Morillo.
También valoraron el apoyo del general Mateo Moquete que gestionó los recursos iniciales y les dio confianza para emprender.

Entrevista La Zura - Chaimy Soriano 04-09-2025

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