Educación humanista: proceso de transformación personal

Unesco
La educación humanista, anclada en la pedagogía de los aprendizajes básicos para la vida, prioriza el desarrollo de la principal riqueza de un país: su capital humano, prosiguiendo un proceso continuo hacia la transformación y mejoramiento personal y, consecuentemente, de la familia y de la sociedad.
Una modalidad educacional sustentada en los valores universales, en la convicción de que la dignidad de la persona es inalienable y en el compromiso con la formación integral del estudiantado.
Este enfoque se adhiere a la concepción de la persona como un ser en proceso de autoconstrucción, como un proyecto de sí mismo que busca su realización con estos fundamentos: Libertad, creatividad, criticidad, solidaridad, armonización afectiva, conciencia de su propio actuar y apertura a la trascendencia, surgida de la necesidad humana de encontrar un sentido a la vida.
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Se nutre del legado milenario de grandes maestros espirituales, de doctrinas basadas en el amor y la justicia, que enseñan a trascender la existencia individual, el egocentrismo destructor de la convivencia familiar y social.
Surge de la integración y sistematización de esas enseñanzas en acertada simbiosis con las concepciones humanistas de pedagogos y psicólogos contemporáneos centradas en la persona y su desarrollo integral, en la unidad consigo mismo, con sus congéneres y la naturaleza.
Educación en el siglo XXI
Aunque de manera más general y sintética, este compendio de aprendizajes para la vida ha sido expuesto en informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) sobre la educación para el siglo XXI, con los siguientes postulados: Promover una educación de calidad, proteger la biodiversidad, responder a los retos de la inteligencia artificial, garantizar el acceso a información confiable y salvaguardar el patrimonio nacional.
A la vez, se advierte que los cambios en el desarrollo científico y tecnológico reclaman mayor capacidad de decisión. Además, que las posibilidades de consumo de información son ilimitadas y exigen saber elegir estableciendo un orden de prioridades en función de las necesidades.
Por tal razón la importancia de autoconocerse, identificar los propios intereses desde una perspectiva crítica.
Plenitud del ser
La educación para la vida, en sus dos vertientes personal y social, tiende al desarrollo integral de la personalidad, a la realización plena de las potencialidades humanas, de los valores superiores que constituyen el sentido de la vida y el objetivo final de la educación humanista.
Tarea indetenible en busca de la plenitud del ser, del desarrollo de las necesidades superiores, las espirituales o meta-necesidades. Una aspiración que sus promotores persiguen mediante una serie de aprendizajes básicos para la formación de una personalidad saludable, caracterizada por el amor a la vida, por una conducta que exprese autenticidad, autoestima, justicia, benevolencia.
Es un proceso ilimitado, iniciado en el hogar y desde los primeros años escolares, que pone de relieve la reflexión crítica, la creatividad, el interés por las problemáticas éticas y una visión de conjunto que acompaña el saber especializado y fragmentado.
En el aula se hace énfasis en el aprendizaje de las nuevas tecnologías y transmitir un método de trabajo e investigación científica, en fomentar el conocimiento, aprendiendo a cooperar y a trabajar en equipo.
Un objetivo priorizado en la secundaria, que en la universidad tiene por misión formar profesionales e investigadores de alta calidad y con valores éticos, auspiciar su permanente actualización y mejoramiento con fines de establecer sólidos fundamentos que en lo humanístico, científico y tecnológico sean soporte para el progreso, la autosuficiencia del país en todas las áreas.
Ni inercia ni autoritarismo
Esta modalidad de la educación humanista en el marco de la educación para la vida, con cimientos en la pedagogía del ser, cobra impulso gradual pero firme frente a la concepción tradicional de la educación:
La actividad frente a la pasividad y la inercia. La espontaneidad creadora, la libertad y espontaneidad para tener iniciativas, expresarse y elegir frente al formalismo, rigidez y autoritarismo de la escuela tradicional.
En su libro “La Inteligencia Atrapada”, la educadora argentina Alicia Fernández, promotora de la educación para la vida, pondera sus beneficios respecto a la enseñanza que promueve la repetición de conceptos, premia la memorización, combate el cuestionamiento, valora la competencia sobre la cooperación y desautoriza el cuestionamiento.
Dentro de esa corriente, su colega, el escritor Pepe Menéndez, expone en su libro “Educar para la Vida. Pensar juntos la escuela que queremos y necesitamos”, las claves para hacer la enseñanza más humana e identificar los nuevos retos de la educación.