Exordio del perfil histórico de la novela dominicana

Exordio del perfil histórico de la novela dominicana

Bruno Rosario Candelier

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Existe una relación indisoluble entre la Historia y el género novela. ¿Qué hace que sean interdependientes? Sin lugar a dudas, tienen fines que se entrecruzan. La Historia se interesa por las estructuras y procesos de la sociedad, por el devenir de los hechos que dan lugar a procesos de continuidad y ruptura en el desarrollo de la humanidad, estudia el pasado y lo expone objetivamente. La literatura refleja los valores, ideales, tradiciones; pero a la vez presenta la ruptura con lo mejor que hay en el hombre para mostrar su maldad, su ansia de poder por encima de sus valores.

En cuanto a sus diferencias, la Historia trata lo objetivo. La novela surge del mundo subjetivo, la imaginación, la realidad presentada desde una visión específica; ficción sobre unos personajes que se desarrollan en un tiempo y espacio determinado. Tal como expresa Michele Montauban “una novela puede contribuir al conocimiento y comprensión de una época determinada, las características de su sociedad, el orden político imperante” (2022).

Joaquín Balaguer

El historiador estudia los hechos que impactan a una sociedad y a su tiempo. Lo escrito por él no solo informa, sino que marca la sensible y emotiva alma humana del lector. El novelista, por su parte, utiliza esta “materia prima” como el escultor el mármol. Es así como se nutre de la Historia, matriz en la que se crean y gestan las obras que marcan el rumbo del mundo porque impactan nuestra forma de pensar y actuar tanto en el rol de novelista como en el de lector.

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Según Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua y uno de los principales estudiosos de nuestra literatura: “Es justamente la novela la que mejor cuenta de la realidad histórica y cultural de un país en virtud del caudal de referencias antropológicas, lingüísticas y socio gráficas en cuya temática aflora lo nacional, lo popular y lo culto, responde al desarrollo material y social de un país […]. Se trata de la invención de la imaginación aliada a la idiosincrasia de nuestro pueblo” (2010).

Consideremos al “ser-tiempo-espacio” como una unidad. Esta tríada nos toca, impacta y cambia; la experimentamos y respondemos a ella y al hacerlo componemos y descomponemos la vida y el mundo. Si fuéramos seres verdaderamente racionales, pudiéramos estudiar el pasado; actuar en consecuencia para vivir un buen presente; prevenir el futuro y hasta pronosticar nuestro porvenir o construir un mejor futuro. Pero la incertidumbre lo oculta todo, hasta aquello que nos luce predecible.

Marcio Veloz Maggiolo

Estudiamos el perfil histórico de la novela dominicana con el objetivo de exponer y conocer su desarrollo y relación con la Historia y la temática de la novela de acuerdo a un orden: primero, cronológico puro y, en segundo lugar, tomando en cuenta el tiempo de aparición de las generaciones y movimientos literarios y los tipos de novela. Para realizar la asociación histórica nos ha resultado muy útil y orientadora la “Guía para la Historia Dominicana” publicada por la Academia Dominicana de Historia y, por supuesto, los trabajos de los estudiosos: Frank Moya Pons, Esteban Deive, Bruno Rosario Candelier, Marcio Veloz Maggiolo, Abelardo Vicioso, Manuel Matos Moquete, José Alcántara, Avelino Stanley, Miguel Collado, Manuel García Cartagena, Miguel Ángel Fornerín, Diógenes Céspedes, Odalís Pérez, Franklin Gutiérrez, Julio Cuevas, Carmen Cañete Quesada, Doris Sommer, Alex Ferreras y Giovanni Di Pietro, entre otros no menos importantes.

Según nuestros expertos hubo un desarrollo tardío de la novela debido a dos razones principales: primero, la ausencia de condiciones sociales, culturales y económicas en la isla que permitieran la producción de textos ficticios y segundo la implementación de una Cédula Real dictada por las autoridades españolas el 4 de abril de 1531 que prohibía el envío y la difusión de libros de “romance, de historias vanas o de profanidad” a las Indias.

Es un hecho bien conocido el que durante los siglos XV, XVI y XVII la producción de textos narrativos en La Hispaniola se limitó a los escritos de Cristóbal Colón, fray Ramón Pané, fray Pedro de Córdoba, Gonzalo Fernández de Oviedo y Bartolomé de las Casas.

Entremos en materia con unas muestras de las novelas del siglo XIX: “Los Amores de los Indios”, de Alejandro Angulo Guridi, fue publicada en 1843 en Cuba, y tal como lo asevera Joaquín Balaguer es una de las obras con que se inicia en América la literatura indigenista», de ahí su gran importancia. Marcio Veloz Maggiolo, concuerda.

En su libro “Cultura, teatro y relatos en Santo Domingo” lo reafirma cuando dice que «La obra dominicana no nace propiamente en Santo Domingo, sino en Cuba, con las publicaciones de Alejandro Angulo Guridi: “Los amores de los indios (1843). “Las novelas del siglo XIX retornan al pasado recordando nuestra cultura ancestral indígena, la valentía y rebeldía de los taínos frente al conquistador como es el caso de “Enriquillo” (1879) de Manuel de Jesús Galván o como son las narraciones (ficciones) acerca de los monteros.

Estas últimas, rememoran la vida de estos primeros campesinos dominicanos que trabajaban las tierras y se encargaban de la ganadería doméstica de la isla. “El montero” de Francisco Bonó es un buen ejemplo que resalta el valor de este personaje rebelde que hizo de la cacería de ganado en los montes un estilo de vida particular y un modo de subsistencia riesgoso.

Según Odalís Pérez (2022), filólogo, crítico y estudioso de nuestra literatura e Historia, en esta novela “existe una voluntad de describir la sociedad dominicana mediante conjuntos humanos de tipo clasista”.

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