La 31 Bienal de Artes Visuales y la premiación

Arte
La 31 Bienal se celebró en las fechas correctas, a pesar de la premura de su organización en pocos meses y la aceleración de reuniones preparatorias. Hasta hubo el temor de una participación pobre, pero esta fue más que honorable, numérica y territorialmente. Otra fuente de satisfacción consistió en la cantidad de obras admitidas y un mayor equilibrio entre las categorías, con excepción de la gráfica y la escultura.
La selección, con un porcentaje más alto que en la pasada edición, tampoco generó desavenencias. La discordia residió en la premiación, fase y resultados siempre discutidos, pero llegando al rechazo y a una solicitud de anulación. Hemos tratado ya el engorroso tema.
Puede leer: Todo listo para la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2025
Esta bienal ha comunicado una sensación de homogeneidad, casi de equivalencia de la factura, priorizando en los cuadros la energía, la técnica, la pintura “all over”, postergando el compromiso ideológico y social. Hay también más polípticos, acercando las pinturas a una serie o una instalación mural…
En cuanto a las instalaciones -definidas como tales-, anteriormente excesivas tanto en admisión como en galardones, pertenecen a una categoría ya tradicional, contribuyendo al descenso de la escultura dominicana. Hay todavía menos ahora…
De nada sirve lamentar la casi desaparición de la gráfica. No obstante, observamos la limitada presencia de la fotografía– talvez los fotógrafos prefieren sus propios salones y ediciones-, y en contraste notamos algunos notables videos.
Sin duda alguna, son los premios que generan desacuerdos. Interesante sería que el jurado – al menos los dos jueces dominicanos-, como se ha hecho en otros concursos expliquen sus criterios, públicamente, respecto a la Bienal como manifestación de arte contemporáneo, y por tanto la elección de las obras premiadas. ¡Adrede, evitamos emplear el término de justificación!
Premios a recordar
Un amigo, muy competente en el arte y su cultura, nos decía que a menudo los premios se convertían en “Anti-premios”. No llegaríamos a expresar una opinión tan tajante, pero que esa afirmación no deja de cobrar certeza para algunas obras premiadas.
No incluimos, entre ellas, La Palma, porque se trata objetivamente menos de una aberración que de (re)compensar la pertenencia a una corriente que prácticamente desconocemos -aunque no es reciente-, y que nuestro arte no ha integrado en sus experimentos.
Admitimos no entender otros premios, más anclados en nuestra modernidad artística: quizás vieron y gratificaron sus elementos e intenciones, como si cruzaran el umbral de la osadía, de una originalidad singular, sobrepasando, por ejemplo, una definición delineada y sombreada.
Ahora bien, un premio “absoluto” ha sido el de Soraya Abu Naba’a, con su cabaña de “pellizas” multicolores, a la vez innovador y anclado tanto en su creación e investigaciones como en la cultura y la artesanía textil dominicana. ¡Luego, cuanta belleza, cuánto encanto para los niños que entraban y salían!
Sorprendente, ya que a la primera mirada parece un hermoso paisaje marítimo y semiurbano, es la pintura premiada de José Morban, pero, pronto y al mirar necesariamente el título, “Feria 2025”, surgen la geografía y la historia del 1955, dejándonos libres de interpretar las guagüitas ahora amontonadas…
Muy cercana al arte conceptual, es la obra premiada de Jessica Fairfax Hirst -lo que no nos sorprende- ,“Botiquín de abstinencia” propone un extenso planteamiento teórico, discutible y comprometido: nos introduce a una pequeña instalación mural, hermosa y luminosa, con sus frascos de medicina y un minivídeo que debe mirarse…
El Gran Premio
El Gran Premio de la Bienal se atribuyó a Lucía Méndez, casi una sorpresa, si lo comparamos con otras premiaciones de ruptura. Identificamos inmediatamente la autoría, Tonalidades mediatizadas, ejecución lisa y cuidadosa, construcción horizontal lineal y suelta, personajes femeninos, identidad cultural bien dominicana.
Tal vez no sea la mejor pintura de Lucía Méndez que nos ha acostumbrado a una muy alta calidad en temas cotidianos criollos. Sin embargo, consideramos muy justa esta máxima premiación, por el conjunto de la obra, a una artista coherente, consecuente y seria, persistente y humilde en su grandeza.
Coda
Todavía faltan varias obras -tridimensionales sobre todo- que podían o debían -en el criterio nuestro– premiarse. Esperamos cerrar, con ese próximo texto, el capítulo de la 31 Bienal Nacional de Artes Visuales. Creemos que su visita, junto al recorrido por la Feria del Libro, será una fiesta de arte y cultura.