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¿Hay víctimas?

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Es cierto que un delito se parece a otro, pero no es igual la comisión de ambos, aunque la tipificación contenga acciones iguales y los resultados sean los mismos. Me refiero, por ejemplo, a la moda que se ha destapado en estos días, de emplear los teléfonos celulares para grabar actos sexuales de muchachas a quienes se rapta o se engaña de algún modo y luego son drogadas y sometidas a violaciones en grupo.

Ese tipo de acciones, que ha pasado de una a otra región con pocos días de diferencia, es de suma gravedad y motivo de honda preocupación.

No vamos a sugerir, por imposible, que haya un policía detrás de cada muchacha que salga, sea de madrugada para el trabajo, temprano para la escuela o para la universidad.

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Lo que sí debemos hacer es convertir las calles en más seguras con ciudadanos más alertas, solidarios y cooperadores, que contribuyan con agentes policiales dotados de mejores y mayor cantidad de vehículos, entrenados en vigilancia e investigación, con adecuados instrumentos de comunicación, con más equipos de control no letales, quienes además sepan cuándo usar sus armas letales.

A ello hay que sumarle los poderes de las autoridades judiciales. Alarma ver que a un delincuente que rapta, viola y asesina un niño se le condena a 10 años de prisión, por ejemplo, mientras a otro que comete el mismo delito se le condena a 30 años ¿Cuál es la diferencia si el delito es el mismo?

La sociedad dominicana debe hacer un alto y reflexionar de manera profunda, seria y permanente, sobre la manera en que se ha diversificado el delito sexual hasta niveles inauditos.

Como parte de esa conducta criminal desbordada está el asesinato de mujeres porque el desamor las ha alcanzado. Recuerdo a Violetica Yanguela y su libro “Esclava te doy” hace ¿40 años? Allí ella planteaba el machismo sin control del hombre dominicano.

La actitud primitiva de las relaciones hombre-mujer sigue siendo una constante en una buena parte de la sociedad dominicana, en una de las capas bajas de la sociedad. Hay que analizar serena, concienzuda y profundamente, qué debemos hacer con ese tipo de delitos y qué vamos a hacer con ese tipo de delincuentes.

¿Mantener por varias décadas en la cárcel a un matón, a un violador, destinando nadie sabe cuántos miles de pesos en su manutención o enseñarle un trabajo que ejerza en la prisión para pagar por su comida y medicinas? La cosa es como para pensarla.

Además, aplicarle como primera sanción ineludible, a cada uno, la castración química.

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Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

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