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Independencia

Ambiente previo a la separación de Haití

Previo a la dominicanidad en febrero de 1844 los dominicanos españoles habían creado un ambiente de agitación de liberación que ya había fracasado con los intentos de Núñez de Cáceres

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Previo a la dominicanidad en febrero de 1844 los dominicanos españoles habían creado un ambiente de agitación de liberación que ya había fracasado con los intentos de Núñez de Cáceres. Haití, liberado de Francia, inició sus preparativos de arropar el territorio oriental de la isla con sus tropas entrenadas que había dejado Francia en lo que había sido su pequeña colonia caribeña.

La colonia española, abandonada por su madre patria, languidecía notablemente mientras que ya veían la sombra del vasallaje que se aproximaba desde el occidente de la isla. La colonia española se había ido mermando tan pronto Haití logró su independencia de Francia que había dejado una colonia organizada y con un ejército bien entrenado como se vio cuando avasallaron la parte oriental en 1822.

La angustia cívica se enraizó en la escasa población oriental que ya los que quedaron aquí se veían arrollados por tropas de fieros negros descendientes de africanos que había sido el origen de esa colonia que Francia le había llevado prosperidad y orden a una población esclava que veía en el terreno oriental de la colonia española su área de expansión y de riqueza por la calidad de sus terrenos vírgenes y habitada por una escasa población resignada al abandono de España con problemas de mayor envergadura en Europa.

Pero la escasa población española de oriente no se amilanó y desde 1822 estaba en sus empeños para liberarse del vasallaje haitiano que llegaron con intenciones de borrar todo lo que oliera a raíces españolas con el cierre de las instituciones como escuelas, tribunales, fuerza del orden y persecución de los inconformes con la situación que los haitianos por el norte y por el sur avanzaron rápidamente para adueñarse del territorio de oriente.

Las prósperas poblaciones de oriente, las que existían en el Cibao, las del este y del sur organizaron sus grupos de rebelión que azuzados por un joven rebelde Juan Pablo Duarte iniciaron la resistencia que se mantuvo muy activa desde 1822 hasta el momento del grito de separación de 1844.

La fiereza con la que los dominicanos enfrentaron en marzo de 1844 a las tropas haitianas en Azua y Santiago pusieron en evidencia cuales iban a ser los empeños de una novel nación que tenía derecho de vida en libertad sin el vasallaje de una población negra que sus objetivos era procurar la eliminación de las raíces españolas y lograr la asimilación por su mayor fuerza genética.

Los haitianos creyeron que enfrentarían con un rápido éxito a unas improvisadas tropas muchas de las cuales se habían entrenado con los mismos haitianos que desde 1822 ya habían conformado pelotones de habitantes orientales en sus fuerzas del orden.

Las batallas de Azua y de Santiago consolidaron las pautas de lo que iba a ser la lucha para dejar claro que los dominicanos iban a ser libres e independientes sin el dominio de ninguna fuerza extranjera como pretendía Boyer para plantar raíces en el territorio dominicano.

Desde el 19 de marzo de 1844 se inició un largo período de los intentos de los haitianos de retomar el territorio oriental y fracasaban en derrotas épicas de un ejército sin aparente organización, pero que la mayor parte de esos soldados luchadores ya poseían entrenamiento con las fuerzas haitianas y contando con los aguerridos comandantes dominicanos como Pedro Santana, Pepillo Salcedo, José María Imbert, Antonio Duvergé y otros que dejaron sus hazañas para la posteridad.

Sobre el autor
Fabio Herrera Miniño

Fabio Herrera Miniño

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