Petróleo
Anclar las expectativas de inflación
En el contexto actual, marcado por un aumento superior al 60% en los precios del petróleo, aún con el descenso estimulado por la tregua de dos semanas, agravado por la destrucción de infraestructuras energéticas en países árabes aliados de Estados Unidos

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En el contexto actual, marcado por un aumento superior al 60% en los precios del petróleo, aún con el descenso estimulado por la tregua de dos semanas, agravado por la destrucción de infraestructuras energéticas en países árabes aliados de Estados Unidos, se han intensificado las presiones inflacionarias. Ante este escenario, el rol de los bancos centrales, incluido el de la República Dominicana, es anclar las expectativas de inflación, dejando a la política fiscal la tarea de estimular la economía.
Desde 2020, el Banco Central ha variado con frecuencia su postura monetaria: expansiva en 2020 y 2021, restrictiva en 2022 y parte de 2023, nuevamente flexible en el segundo semestre de 2023, durante 2024 y 2025, con la excepción de medidas restrictivas en marzo de 2025 dirigidas a intermediarios financieros para contener el alza del tipo de cambio. Entre 2020 y 2025, la autoridad monetaria intentó conciliar una trinidad imposible: impulsar el crecimiento, reducir las tasas de interés y estabilizar el tipo de cambio. El resultado ha sido una erosión del mecanismo de transmisión de la política monetaria, como reconoció la misión del Artículo IV del FMI en 2025. Los estímulos monetarios recientes no lograron los resultados esperados: la economía apenas creció 2.4% en 2023 y 2.1% en 2025, sin observarse reducciones significativas en las tasas de interés y además volatilidad cambiaria. El Banco Central ha mantenido correctamente su tasa de política monetaria en 5.25% desde noviembre de 2025, línea que debería sostenerse, dado que la Reserva Federal no prevé recortes en la tasa de fondos federales (3.50%-3.75%) y, ante mayores presiones inflacionarias, podría incluso incrementarla. La tasa activa promedio ponderada anualizada a marzo disminuyó 150 puntos básicos, mientras la tasa pasiva de los certificados de depósito cayó 253 puntos en el mismo período. Sin embargo, el clima de incertidumbre ha llevado a los agentes económicos, especialmente profesionales, a incorporar primas de riesgo: la tasa pasiva de los depósitos en certificados pasó de 5.46% a inicios de marzo a 7.31% al cierre del mes. Asimismo, los préstamos interbancarios a siete días subieron 282 puntos básicos entre febrero y marzo, acumulando 450 puntos en ese último mes. En plazos de hasta un año, los inversionistas institucionales en la banca múltiple obtienen hasta 200 puntos básicos adicionales respecto al período previo a la crisis. La última subasta del Ministerio de Hacienda alcanzó 11.65% (aumento de 121 puntos básicos en marzo) y la última subasta de Notas del Banco Central (18 de marzo) cerró con un rendimiento de 10.07%. A pesar de estas variaciones, la liquidez se mantiene adecuada: la base monetaria restringida crece 8.0% a marzo, mientras los agregados M1, M2 y M3 superan el 9.0%, muy por encima del crecimiento nominal del producto.
El crédito al sector privado aumentó 7.9% a marzo, en línea con el crecimiento nominal de la economía. Cualquier intento de expandir artificialmente el crédito podría generar inflación, volatilidad cambiaria y pérdida de credibilidad en la Política Monetaria. Estos indicadores sugieren que el Banco Central puede sostener su política actual para llevar la inflación hacia la mitad del rango meta, manteniendo espacio para reducir liquidez y contraer la demanda agregada si el choque externo intensifica las presiones inflacionarias. En este contexto, cualquier estímulo a la economía debe provenir exclusivamente de la política fiscal, como ha planteado el presidente Abinader, aunque las condiciones internacionales y la decisión de mantener subsidios desvinculados del precio del petróleo limitan el margen para ampliar el gasto de capital.