Guardianes de la verdad Opinión
Leonardo Díaz Jáquez

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Estamos tan acostumbrados a irrespetar las señales de tránsito que estoy convencido que para lograr que los ciudadanos las respetemos habrá que cambiarlas, eso sí, acompañado de un programa intenso e intensivo de educación vial, piedra angular de todo programa que se quiera implementar para mejorar las condiciones caóticas del tránsito vehicular en todo el país, no solo en el polígono central del Distrito Nacional.

De nada sirve que gastemos miles de millones de pesos en mejorar nuestras vías si el conductor continua comportándose de manera medalagaria. La autopista Duarte ha sido ampliada a tres carriles en diferentes puntos. Tomemos como ejemplo el tramo entre la entrada del aeropuerto de Santiago hasta esa ciudad. Ahora son tres carriles ocupados por conductores a velocidades lentas, por lo que el tiempo de uso de la vía por vehículo sigue siendo más o menos el mismo y el de ir de Santo Domingo a Santiago también. Hasta que no se eduque al conductor para que se le meta hasta el tuétano que el carril izquierdo es solo para rebasar, no habrá mejoría. También debe ponerse horarios para vehículos muy lentos, ejemplo, los camiones que transportan maíz de Haina al Cibao que lo hacen diariamente y casi en caravana, transitan entre 20 y 60 Km/h, que lo hagan después de las 9:00 p. m. o antes de las 6:00 a. m. (Según Resolución No. 005-2020, P-15. Reductor de velocidad sobre elevado. Se instalará estrictamente en ámbito urbano…, por favor, eliminen los en las autopistas).

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Como el meollo de los programas gubernamentales es el polígono central. Echemos un vistazo: el plan piloto en el ensanche Naco, un fracaso, donde se hace lo que cada quien quiere. De nada valió pintar las áreas de estacionamiento y en donde no está permitido, agua que se lleva el río. Otro ejemplo, la descongestión de la Kennedy en las horas pico para lo cual los agentes suplantan a los semáforos, solo sirve para entaponar más a las que las atraviesan; decíamos cuando muchacho que cero mata cero. Cerca de donde vivo queda la intersección de la calle Bienvenido García Gautier con Luis Amiama Tió, con señales y topes reductores de velocidad en tres sentidos porque el cuarto, a raíz de una reparación no se ha vuelto a colocar, lo que es común; ahí se cruza “asigún” pues no tenemos la educación de dejar pasar de uno en uno y así a lo largo y ancho de todo el país.

Tengo licencia para conducir desde 1972, única vez que debí estudiar la ley y reglamento sobre el tránsito para fines del examen teórico. Oigo decir que ahora con la ayuda informática es un examen menos riguroso. Podré yo recordar la Ley y reglamento del tránsito que estudié hace 52 años, más aún sabiendo que se le han realizado modificaciones. Y los conductores de menor nivel educacional, en todos los sentidos, que salen a calles y carreteras a buscar el sustento diariamente o que por estar detrás de un volante de una voladora, un camión o un autobús se creen dueños y señores.

Hay que repetir para que quienes dirigen estos asuntos lo vean claramente, que la gestión de Hamlet Herman al frente de Amet se debió a tres ingredientes: educación, régimen de consecuencia y no aceptación de dádivas. Hoy hace falta un plan intenso e intensivo de educación que con la tecnología y tantos compañeritos haciendo nada en muchas oficinas públicas es relativamente fácil de implementar, con presentaciones y vídeos que se llevan a oficinas públicas y privadas, empresas y sindicatos de transporte se puede lograr que en un año todo el país esté reeducado en estos menesteres, acompañado de un plan de consecuencias.

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Leonardo Díaz Jáquez

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