Conjeturas
Las complejidades de la administración pública
Los que participamos en seminarios y cursos de formación política, tanto en Alemania, Chile, Venezuela, Italia como aquí, pudimos conocer del tema referente al manejo de la administración pública.

Retrato
No me preocupa que alguien pudiera darle una interpretación equivocada a lo que planteo en esta entrega. Quienes siguen mis trabajos podrán advertir que lo he señalado por décadas, sin tener en cuenta quienes estén al frente de la cosa pública.
Pienso que es un deber presentar estas ideas, sobre todo, como perteneciente a una generación que ha tenido la oportunidad conocer lo que fue la dictadura tiránica, el proceso de transición hacia la libertad, el cambio de siglo y de gobiernos. Me refiero a las complejidades de la administración pública en democracia.
Los que participamos en seminarios y cursos de formación política, tanto en Alemania, Chile, Venezuela, Italia como aquí, pudimos conocer del tema referente al manejo de la administración pública. Sobre los vericuetos del manejo del poder en cualquier lugar del mundo. Pero, tomando en cuenta, de manera especial, nuestro continente.
Dentro de este concepto, especialmente para los cabezas de gobierno, es tan complicado, que en varias notas tomadas al respecto, atribuidas a Juan Bosch, Jaques Maritain, Joseph Folliet o a Emmanuel Mounier se dice:
“Los mandatarios tienen derecho a equivocarse por el hecho de haber sido elegidos por la voluntad popular. No solo por lo complejo, sino porque los pueblos eligen de entre varios y seleccionan uno, quienes no son infalibles”.
Los mandatarios electos juran cumplir y hacer cumplir las leyes. Pero eso no quiere decir que no puedan cometer errores. Para eso es que la estructura gubernamental les permite designar funcionarios, colaboradores y asesores. Quienes, se suponen, son expertos que los ayudarán en la compleja tarea de resolver y enfrentar diferentes problemas estatales.
Por eso es que, en ocasiones, expreso que son los que están obligados a cumplir con sus funciones y son los principales responsables de que las cosas estén bien hechas y concebidas, mucho más que los mandatarios. Son, en consecuencia, los que, sin ser escogidos por la voluntad popular, han sido designados por ellos. Los depositarios de su confianza.
A través del tiempo, la administración pública no solo ha sido compleja, sino que se le han ido agregando una serie de complicaciones adicionales, creyendo, quienes las aplican que transparentan las cosas, pero por el contrario, muchas veces las han ido convirtiendo en callejones cuyas salidas se han ido haciendo más difíciles. Porque crean patrones como si les sirvieran a todo el mundo.
Existen instituciones para monitorear, controlar o fiscalizar, dirigidas por personas que a su vez confían en otros. Los denominados analistas, cuyas funciones son las de trazar pautas a las instituciones bajo su responsabilidad, para que puedan cumplir con normativas e indicadores, muchos de los cuales no le prestan la debida atención a conocer la naturaleza de las instituciones que pretenden controlar o instruir. No las conocen. Ni las han visitado jamás. Las manejan como robots. Para ellos todas son iguales. Y no es así.
En la década del 60, a raíz de la desaparición de la tiranía trujillista, la apertura y el levantamiento de las sanciones contra el país, durante el Consejo de Estado, vino una misión extranjera a asesorar la industria azucarera. A nosotros nos tocó asistir algunos de ellos. Al llegar al ingenio Porvenir, como nunca habían visto la caña, les dieron a probar un pedazo, y uno dijo: ¡Oh, qué bueno está el palito dulce!.