Atención
Desequilibrio ambiental rodea Santo Domingo
Espacios convertidos oficialmente en territorio inalienable de interés social han ido pereciendo bajo acciones depredadoras reduciéndolos a menos de un 50% de su dimensión original de 154 kilómetros cuadrados aproximadamente.

Editorial
Contra la posibilidad de que en un dramático plazo el proceso urbanizador que daba tempranamente a la capital dominicana categoría de mega urbe creciendo veloz al margen de la planificación y a favor del caos fue creado en el año 1993 un razonable cinturón verde que las ocupaciones y construcciones ilegales destrozan sin que las autoridades medioambientales hayan salido a defenderlo. Espacios convertidos oficialmente en territorio inalienable de interés social han ido pereciendo bajo acciones depredadoras reduciéndolos a menos de un 50% de su dimensión original de 154 kilómetros cuadrados aproximadamente. Si no se actúa de inmediato con uso institucional y legítimo de la fuerza como potestad única del Estado, continuaría el avance desenfrenado de empresas constructoras que tienen en proceso varios complejos habitacionales irregulares. Quedará condenada a desaparecer por completo una franja de naturaleza viva con densa vegetación, manantiales y humedales que deben servir como efectivo contrapeso a la pérdida de recursos favorables a la vida por el avance desproporcionado de zonas que resultan junglas de concreto.
Anticipadamente, el Estado dominicano –dado a no hacer mucho caso a las alarmas ecológicas- estuvo siendo advertido por la Comisión Ambiental de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, de que el cinturón verde había entrado en un proceso crítico de daños irreversibles por la siembra de varillas y cemento para explotarlo con fines de lucro que no se compadecen con la prioridad de proteger la biosfera que hace posible la existencia sin amenazas a la calidad de vida de millones de habitantes de la Ciudad Primada de América. Acciones urbanizadoras en discrepancia con los objetivos de colocar límites a las fuentes de contaminación asociadas a la drástica disminución de áreas que en los entornos citadinos deben actuar como santuarios que capturan gases nocivos y generan la oxigenación que protege la salud de los núcleos habitados. El cinturón verde de Santo Domingo debe permanecer contra extremos climáticos y las autoridades deben cumplir la obligación que les corresponde de preservarlo como ecosistema de biodiversidad imprescindible para el equilibrio entre la naturaleza y los seres humanos.