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Therians: abdicación, transmigración, renuncia

El caso puede ser más triste para adultos que siendo hembras buscan libertades que sus maridos no están preparados mentalmente para permitirles, y si son varones, ellas no van a permitírselas tampoco

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Un hombre a quien conocí regresaba puntualmente cada tarde a su casa, y, tras abrir la puerta, una perrita pekinesa saltaba excitada y amorosa saliéndole al encuentro. Él la levantaba y la abrazaba con verdadero afecto; y luego avanzaba hacia su esposa que lo esperaba de brazos abiertos.

Mas, ocasionalmente ella le protestaba, porque no le parecía bien que saludara y abrazara a la perrita primero y con más efusividad que a ella.

El hombre callaba y sonreía, hasta un día en que sintió que la protesta de su esposa iba en serio, resentida ante su cariño a la pekinesa; y cuando la mujer le reclamó nuevamente, él la detuvo y le dijo, sonriente, pero serio: “El día que tú vengas corriendo a recibirme y te orines de la alegría como la perrita, ese día te abrazaré primero que a ella”.

No por casualidad cada día veamos más personas paseando con sus mascotas. Se ausentan los hijos hacia otros lugares y es también más simple criar y mantener una mascota. Ni qué decir de las libertades de afectividad y “juguetonería” que se permiten muchos humanos y sus perros.

Tanto el esposo como la esposa, el hijo como el padre, desearían ese derroche de mimos y “cariñosidades”. No es, por lo tanto, para de repente declararnos extrañados por el afán de moda, de niños y adultos de ser tratados y cuidados como esas dichosas mascotas.

Considerando las disciplinas y exigencias en la crianza de niños: castigos, reproches, prohibiciones y tratos no siempre amorosos, acaso todos querríamos pertenecer a esas especies tan privilegiadas, como pareciera que muchos infantes están haciendo.

Especialmente si a esos seres especiales no se les exigen tantas cosas y pareciera que nunca tienen verdaderos conflictos con los adultos.

En general, estamos viendo que muchos humanos se sienten postergados, sometidos y acobardados ante un mundo adulto al cual no entienden ni se sienten pertenecer.

Cada vez más miembros de nuestra especie aspiran a tener mayores libertades, y menos exigencias y normatividades sobre ellos.

El caso puede ser más triste para adultos que siendo hembras buscan libertades que sus maridos no están preparados mentalmente para permitirles, y si son varones, ellas no van a permitírselas tampoco; por lo cual unos y otros se refugian en manías y diversiones, autistas o autocomplacientes, en las redes y televisores. Muchos siempre han optado por la iglesia, el colmado o el bar de la esquina.

Otros preferirían migrar, o que, cuando mueran, no habiendo optado por ningún plan, propuesta u oferta cristiana, aspirarían a transmigrar, transcurrir por vidas budistas, procurando un karma más suave y llevadero.

Localmente, no pocos varones y hembras aceptan cambiar de roles sexuales: ellos, dejándose mantener mientras ellas eligen, a cambio de mantenerlos, la libertad de trabajar en Europa, sin tener que sufrirlos día por día.

Lo de los therians o jóvenes bestializados no es nuevo.

Increíblemente, Pablo advirtió sobre aquellos que "...cambiaron la oferta de Dios de ser su imagen y semejanza, por ser como aves, cuadrúpedos, aves o reptiles. (Romanos 1:23).

Sobre el autor
Rafael Acevedo

Rafael Acevedo

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