Inversiones
Equilibrio y desequilibrio en inversiones públicas
Lo más difícil para los gobiernos de países pobres, de países que tienen lo que eufemísticamente llaman deudas sociales, es establecer una postura equilibrada en las inversiones públicas.

Editorial
Lo más difícil para los gobiernos de países pobres, de países que tienen lo que eufemísticamente llaman deudas sociales, es establecer una postura equilibrada en las inversiones públicas. Lo más común es el desequilibrio, el preferir a un sector sobre otro. La República Dominicana es un gran ejemplo de esta falta de equidad. Desde los primeros días que siguieron al ajusticiamiento del tirano Trujillo, los gobiernos han preferido promover la construcción. No se puede negar que faltaban muchos edificios de valor en casi todos los municipios, sobre todo oficinas públicas, escuelas, hospitales, recintos militares y vías de comunicación. Pero también había otras necesidades que, si bien no puede negarse que eran atendidas, esta atención era siempre marginal. Y así, desde entonces, hasta nuestros días.
Pero todavía hoy, recorrido un tramo temporal de más de 60 años, la práctica gubernamental desequilibrada en las inversiones públicas no ha cambiado lo suficiente en función de las necesidades. Véase la zona rural y la zona urbana, las grandes ciudades y las pequeñas y medianas, y en los territorios principales compárese el centro con la periferia. A ojos vista, falta equilibrio en las condiciones de vida de uno y de otro. Un área ha recibido más inversión que otra. En palabras simples, en unas ha habido más gobierno que en otras.
Ese comportamiento gubernamental es, hasta cierto punto, uno de los factores concurrentes para la realidad que está ante nuestros ojos: tenemos dos países. Hay que trabajar para superar este fenómeno tan dañino, tan degradante y tan nocivo para la calidad de vida que debe tener cada ser humano, cada dominicano. El desequilibrio en las inversiones públicas debe dar paso una mirada y a una asistencia más equilibrada, más justa, más decente.
Las grandes inversiones públicas son importantes y son necesarias. Pero también las otras, las dirigidas a construir caminos vecinales, sistemas de agua potable para las secciones, los parajes; los puentes que enlazan comunidades rurales y semi urbanas; escuelas pequeñas, mercados, centros comunales, viviendas para los lugareños, y algo similar en las barriadas de las ciudades, allí donde viven los perdedores de un sistema socio-económico que no suele mirarlos ni atenderlos como se merecen.
Un sistema equilibrado de inversiones públicas es un cambio necesario para que todo el país cambie.