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A partir de los severos daños que cuatro horas seguidas de aguaceros causaron a un tramo completo de la carretera de circunvalación de Baní queda descartado que aquella obra vial, de muy accidentado y demorado proceso de construcción y duplicación de costos, esté realmente hecha para más de una temporada ciclónica. El prestigio de los contratistas a quienes se confió ejecutarla con cargo a los contribuyentes está en juego y ellos deben salir a salvarlo.

Pero en lo que una exhaustiva revisión por expertos independientes establece si hubo allí una estricta aplicación de las normas de diseño que garantizaran la efectividad de drenajes y la resistencia de la capa asfáltica —entre otras previsiones infraestructurales ineludibles— la opinión pública queda remitida a evidencias de una fragilidad de lo construido en perjuicio del Estado y la nación.

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Debe saberse —mediante el rigor de auditoría— si sobre la ejecución de los trabajos correspondientes estuvo en marcha con estricta periodicidad una vigilancia oficial profesional y competente sobre el cumplimiento de lo contratado con cargo a fondos públicos. Función que resultara la forma de evitar cualquier desviación que redujera severamente la vida útil de lo edificado.

El hecho de que a solo tres meses de la puesta en servicio de una opción vial para conectar el resto del sur con Santo Domingo sin transitar por Baní, un importante segmento de la carretera se arruinara por completo, pone a la luz omisiones de supervisión que obligarían a establecer responsabilidades.

Las causas de estos defectos, que de la condición de vicios ocultos pasaron a evidencias de violaciones graves a preceptos de la ingeniería, deben ser expuestas con pelos y señales para que no se repita la falta de consecuencias que siguió al desplome de la pared de un desnivel de la avenida 27 de Febrero.

En el fatídico noviembre de unos años atrás aquel trágico resultado de inundaciones fuera de época costó once vidas sin que se pidieran cuentas a quienes desde el Ministerio de Obras Públicas ignoraron olímpicamente los signos precursores de que eso iba a ocurrir.

La historia de este noviembre en curso, incluye otros motivos para reprochar el pésimo mantenimiento que reciben calles y avenidas de Santo Domingo bacheadas con materiales de pavimentación de la peor calidad que las lluvias del huracán Melissa se llevaron en un abrir y cerrar de ojos. Hasta en lo más simple el Estado y sus extensiones (sea de nivel ministerial o municipal) queda visto como penosa y perjudicialmente descuidado.

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