Recuerdo
Eño Santana y Hugo Ysalguez
Manuel Eugenio Santana (Comandante Eño) y Hugo Ysalgeez, tal vez no se conocieron a lo largo de sus vidas. Además de sus viejas militancias revolucionarias, terminaron compartiendo no sólo el día de sus fallecimientos, sino también el lugar de sus respectivos funerales.

Hugo Ysalguez
Manuel Eugenio Santana (Comandante Eño) y Hugo Ysalgeez, tal vez no se conocieron a lo largo de sus vidas. Además de sus viejas militancias revolucionarias, terminaron compartiendo no sólo el día de sus fallecimientos, sino también el lugar de sus respectivos funerales. Fueron velados en capillas vecinas de la funeraria Blandino de Santo Domingo el 18 de enero del 2026, que tantas cosas malas nos ha traído.
A Hugo Ysalguez conocí primero que a Eño, en circunstancias distintas. Después de la revolución del 1965 la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER) fue relanzada por el MR “14 de junio” y el MPD ante la salida de los seguidores del PCD y el Pacoredo. Hugo, al igual que Fidel Soto, Chino Bujosa y otros catorcistas, fue electo al comité ejecutivo en el Congreso de la UER junto a destacados militantes del MPD, entre ellos a Henry Segarra.
Como militante del MR “14 de junio” me relacioné con Ysalguez, residía en la calle Concepción Bona de Villa Consuelo. Posteriormente, al igual que Leo Coporán, se dedicó a ejercer como periodista desde El Nacional de Ahora. Se hizo abogado y llegó a ser juez en el Distrito Nacional, época en la que fue esposo de la activista Zunilda Chevalier. Al igual que muchos otros revolucionarios, terminó como miembro del PRD sin encontrar el espacio que era merecedor.
A Eño Santana lo conocí en circunstancias diferentes, cuando después de estar recluido en el pasillo de la muerte, en la cárcel de “La Victoria”, me pasaron a una celda de presos comunes junto con Esteban Díaz Jáquez, quien había sido apresado junto conmigo y Rafael Pérez Modesto el 5 de mayo del 1971, debido a una denuncia de un miembro de la “Banda colorá”, cuando se desató la mayor escalada represiva del régimen balaguerista contra la oposición democrática y revolucionaria del país. Eño, de menos de 20 años, se me acercó, explicándome que había sido comisionado para establecer contacto conmigo. Eso fue en el primer día que salí al patio, un amplio espacio de “La Victoria”, más grande que un campo de fútbol.
A pesar de su juventud, era extremadamente maduro y valiente, desafiando los rigores y la muerte. Ya para esos días en La Victoria reinaba el terror habían sido asesinados Rafael Pérez Guillén y Oliver Méndez. Entablamos una buena amistad que conservamos después de ser excarcelados. El contrajo matrimonio, procreó tres hijos, desarrollando una vida normal. Posteriormente emigro a EE.UU, donde estableció un centro de formación técnica. La vida nos volvió a unir por la amistad de su hija Karina y mi hija Fadulia. Nuestra amistad perduro hasta la hora de su muerte.