Guardianes de la verdad Opinión

Estrecho de Ormuz

El futuro de la guerra en Irán

Más allá de la dinámica inmediata del conflicto, la cuestión central radica en sus implicaciones para el orden internacional.

Zona afectadas por los bombardeos en Teherán, Irán.

Zona afectadas por los bombardeos en Teherán, Irán.EFE

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La guerra en torno a Irán está entrando en una fase en la que el desenlace comienza a delinearse con mayor claridad, aunque sus implicaciones estructurales son considerablemente más complejas. El escenario más plausible no apunta hacia una victoria militar decisiva, sino hacia una resolución negociada de las hostilidades en la que el régimen iraní logre mantenerse en el poder y el estrecho de Ormuz sea reabierto a la navegación internacional. Este resultado permitiría a las partes involucradas reclamar logros políticos, al tiempo que evitaría una disrupción prolongada en los mercados energéticos globales. La existencia de canales diplomáticos informales—particularmente aquellos que involucran a China y a actores regionales—sugiere que ya se están llevando a cabo esfuerzos orientados a restablecer el statu quo ante bellum. De materializarse este escenario, es probable que los precios del petróleo experimenten una corrección a la baja, aunque persistiría una prima de riesgo geopolítico en los mercados energéticos.

No obstante, incluso bajo un escenario de resolución relativamente rápida, el corto plazo continuará caracterizado por una elevada volatilidad. Es razonable anticipar episodios adicionales de escalada, en la medida en que Estados Unidos intente maximizar su poder de negociación frente a Irán antes de alcanzar un acuerdo definitivo. Si bien los mercados financieros podrían comenzar a descontar una eventual desescalada, el riesgo de incrementos transitorios en los precios del petróleo—potencialmente por encima de los 120 dólares por barril—permanece latente. Un factor determinante en este contexto será la postura de Irán respecto al tránsito por el estrecho de Ormuz. Incluso en ausencia de un bloqueo total, la imposición de peajes o el ejercicio de control político sobre las rutas marítimas representaría una alteración significativa en la estructura de riesgos del comercio internacional y de la seguridad energética global.

Más allá de la dinámica inmediata del conflicto, la cuestión central radica en sus implicaciones para el orden internacional. Durante las últimas décadas, la estabilidad del sistema global ha estado sustentada en la provisión de bienes públicos internacionales por parte de Estados Unidos, particularmente en lo que respecta a la seguridad de las rutas comerciales y energéticas. El dominio naval estadounidense ha sido un componente fundamental de este arreglo, con el Golfo Pérsico como uno de sus pilares estratégicos. En este sentido, una percepción de incapacidad—o falta de voluntad—por parte de Estados Unidos para garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz podría tener consecuencias duraderas. Cabe destacar que no sería necesaria una derrota militar formal; incluso un acuerdo que otorgue a Irán una influencia de facto sobre el estrecho podría interpretarse como una señal de debilitamiento relativo del poder estadounidense.

Estas dinámicas tienen implicaciones que trascienden el ámbito regional. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), tradicionalmente alineados con Estados Unidos en materia de seguridad, podrían verse incentivados a reconsiderar sus estrategias de inserción internacional. En un contexto de creciente incertidumbre sobre la credibilidad de las garantías de seguridad estadounidenses, estos actores podrían optar por diversificar tanto sus alianzas estratégicas como sus vínculos económicos. China, cuya presencia en la región se ha expandido significativamente a través del comercio y la demanda energética, emerge como un socio alternativo relevante. Sin embargo, es importante subrayar que este proceso no implicaría un realineamiento abrupto, sino más bien una estrategia gradual de diversificación y cobertura de riesgos.

En este marco, resulta particularmente relevante analizar las posibles implicaciones para el sistema del petrodólar. Desde la década de 1970, el comercio internacional de petróleo ha estado predominantemente denominado en dólares estadounidenses, lo que ha contribuido a consolidar el rol del dólar como principal moneda de reserva global. Este sistema ha estado intrínsecamente vinculado a las garantías de seguridad proporcionadas por Estados Unidos a los principales productores de energía. En la medida en que dichas garantías se perciban como menos creíbles, la lógica económica que sustenta el petrodólar podría comenzar a erosionarse.

Irán ha manifestado su intención de promover esquemas alternativos, incluyendo la denominación del comercio petrolero en yuanes. Si bien es poco probable que Irán, de manera aislada, logre alterar de forma sustantiva el sistema monetario internacional, la adopción gradual de mecanismos alternativos por parte de otros productores—especialmente en el Golfo—podría generar efectos acumulativos significativos. En particular, si estos países enfrentan costos crecientes asociados a la seguridad de sus exportaciones o perciben una disminución en el valor de las garantías estadounidenses, podrían verse incentivados a diversificar las monedas en las que realizan sus transacciones energéticas. Incluso una transición parcial hacia monedas alternativas representaría un cambio estructural relevante.

No obstante, es importante matizar estas dinámicas. La eventual erosión del predominio del dólar difícilmente se materializaría de manera abrupta. Actualmente no existe un sustituto plenamente funcional que ofrezca niveles comparables de liquidez, profundidad de mercado y confianza institucional. Por consiguiente, cualquier transición hacia un sistema monetario más multipolar probablemente se desarrollará a lo largo de varias décadas. En el corto plazo, el impacto más significativo se observaría en el ámbito de las percepciones, particularmente en lo relativo a la credibilidad de los compromisos de Estados Unidos y a la estabilidad de los arreglos institucionales existentes.

En síntesis, la guerra en Irán trasciende sus dimensiones estrictamente militares y territoriales, constituyéndose en un evento con potencial para reconfigurar elementos clave del orden internacional. Más que redefinir fronteras, este conflicto pone a prueba la capacidad de Estados Unidos para sostener el sistema que ha liderado durante décadas, al tiempo que abre espacios para una mayor participación de otras potencias, especialmente China. Asimismo, plantea interrogantes sobre la evolución futura de los mercados energéticos y del sistema monetario internacional. En este sentido, sus efectos más profundos podrían manifestarse no en el desenlace inmediato del conflicto, sino en las transformaciones graduales que desencadene en la arquitectura global.

Sobre el autor
Julio E. Diaz Sosa

Julio E. Diaz Sosa

Es licenciado en Economía y Finanzas por el Rochester Institute of Technology. Posee una
maestría en Economía Aplicada, con especialidad en Mercados Financieros, por la Universidad
Johns Hopkins; así como una Maestría en Administración de Empresas (MBA), con
concentración en Finanzas, por la Universidad de Maryland en College Park. Además, cuenta
con una certificación en Ciencia de Datos por la Universidad George Washington.


Ha trabajado como economista en el Departamento de Estadísticas del Banco Mundial, donde
estuvo a cargo del manejo de las cuentas nacionales de los países de América Latina y el
Caribe. También se desempeñó como científico senior de datos en el área de servicios
financieros para la firma de consultoría Gartner.


Actualmente, se desempeña como representante de la República Dominicana ante el Banco
Mundial.


Es autor de los libros Notas Económicas con Julio Díaz (2016), Actualidad Geopolítica y
Económica: Retrospectiva cronológica (2020) y Geoeconomía, Geopolítica y Política RD
(2025).

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