La ADP debe reorientarse
Por Luis Felipe Rosa Hernández
La ADP de hoy fue el producto de un largo proceso que tiene su génesis en la reacción de los maestros de los principales centros urbanos contra las amenazas e intentos de cerrar los planteles públicos y la UASD, mediante el asedio de la “Banda colorá” y la Policía balaguerista en los años 1969, 1970 y 1971. Contrario a su actual imagen, la ADP surgió defendiendo la educación ante el peligro de que se perdiera el año escolar en esos difíciles momentos.
Después de haber sido fundada por Ivelises Prats de Pérez, Enrique de León, Antonio Lockward Artiles y Jacobo Moquete, entre otros, la sociedad, la educación y el magisterio dominicano han experimentado al igual que la misma ADP, cambios extraordinarios.
Al desaparecer Fenepia y Fenama, los maestros de la educación quedaron un largo tiempo sin gremio propio. Ante los fracasos de varios intentos, ese núcleo de insignes educadores tomó la histórica decisión fundar la ADP, desafiando represión reinante.
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La ADP nació desafiante, reivindicando el derecho a la educación y las reivindicaciones de un magisterio de excluidos y marginados, conformado por maestros enfermos y llenos de necesidades, con bajos salarios, sin seguro médico y ninguna capacidad de crédito.
Pronto ganó el corazón de los maestros y el apoyo de los alumnos, de los padres y del pueblo. Creció a tal punto que era imperiosa su formalización, con lineamientos y estructura de un gremio de masa de alcance nacional.
El sexto pleno nacional celebrado en el 1975, bajo la sombrilla de la Central General de Trabajadores (CGT) llenó esa necesidad. En la organización de ese evento participaron Conrado Matías, Humberto Morrobel, Rafael Santos Badía, Pastor Minaya, Antonio Polanco, Lidia de Padua, José Antonio Hallal, Margarita Pantaleón, Nelly Amador, Celio Guerrero, Juan José Vargas, Gladys González, Dionisa Salcedo, Hilma Severino, Hernán Sánchez y otros.
A partir de ese sextoo pleno nacional la ADP comienza a transitar el camino del sindicalismo clasista, fundado en líneas y prácticas que la diferenciaban del sindicalismo tradicional, amarillo o simplemente economicista, carente de compromiso social y de clase.
Con el esfuerzo y el trabajo desplegado por la dirección nacional que encabezaba Conrado Matías, la ADP se encaminó a celebrar su primer congreso, aprobando unos lineamientos generales, un programa y unos estatutos inspirados en las enseñanzas aprendidas y en los documentos básicos del SUTEP (de Perú) de Andes 21 (de Centroamérica) y de la Federación Mundial de Educadores.
Venciendo múltiples obstáculos, la ADP logró el reconocimiento como sindicato por parte de la Secretaría de Estado de Trabajo, adquiriendo personalidad jurídica. Mediante un acuerdo con Coopnama pudo lograr la cotización de los maestros, ante de establecerse el descuento por vía de la Secretaría de Educación.
La ADP debe reorientarse, retomando sus orígenes.