La nube que mueve al mundo

Fernando Álvarez Bogaert.
A: Alexandra Álvarez Leedy y Jason Leedy
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¿El incremento del consumo energético puede ser un avance o una amenaza para los centros de datos?
La inteligencia artificial sustentada en la computación en la nube se ha convertido en el motor más visible de la transformación tecnológica del siglo XXI. ChatGPT, Gemini, Claude, Midjourney y otras aplicaciones, han demostrado capacidad para revolucionar la economía, la educación y la cultura. Sin embargo, detrás de cada respuesta generada, imagen creada o cálculo predictivo, existe un costo oculto que preocupa a gobiernos, empresas y expertos en sostenibilidad: la energía.
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Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE) los centros de datos, el corazón de la IA, podrían duplicar su consumo eléctrico hacia el 2030, alcanzando los 945 teravatios hora, una demanda energética comparable a la de países completos. Una infraestructura discreta rivaliza en la actualidad con el consumo industrial pesado, creciendo a un ritmo del 12% anual, cuatro veces más rápido que la demanda global de electricidad.
No se trata de un problema menor. El auge de los chips especializados en IA, como GPUs y TPUs, han disparado las necesidades de refrigeración y de infraestructura eléctrica. En regiones como Silicon Valley, las redes muestran signos de saturación y se estima que, sin medidas correctivas, hasta un 20% de los proyectos podría retrasarse por falta de capacidad en las redes de transmisión.
Frente a este panorama, la industria tecnológica necesita anticiparse; Microsoft, Google y Meta han firmado acuerdos de compra de energías renovables para cubrir, al menos, la mitad del aumento previsto en consumo. Paralelamente, investigadores trabajan en modelos eficientes y algoritmos que reduzcan el gasto energético sin sacrificar rendimiento. No obstante, la carrera no está ganada: la velocidad de adopción de la IA supera los avances en eficiencia.
La IA podría convertirse en parte de la solución, aplicada a la gestión de redes eléctricas, optimizando sistemas de climatización, iluminación y almacenamiento, generando ahorros de hasta 300 teravatios hora. El aprendizaje automático está acelerando la búsqueda de materiales para baterías más duraderas y paneles solares más eficientes.
La pregunta es ineludible: ¿Será la IA un aliado en la transición energética o un nuevo obstáculo en la lucha contra el cambio climático? La respuesta dependerá de decisiones políticas, inversiones estratégicas y, sobre todo, voluntad en orientar la innovación hacia la sostenibilidad, sin embargo, la IA no es neutral, puede convertirse en consumidora de energía o en catalizadora de la eficiencia global, el futuro determinará.
En este contexto global, República Dominicana tiene ante sí una oportunidad: aprovechar su posición geográfica privilegiada, infraestructura de cables submarinos que conectan el Caribe con la costa este de Estados Unidos, ofrecen alta velocidad y baja latencia (retardos temporales dentro de una red), condiciones críticas para procesar cargas de trabajo de IA, colocando a la región en posición privilegiada en su apuesta por las energías renovables y para atraer inversiones en centros de datos sostenibles.
Investigador colaborativo: Diógenes Santos