Límites saludables: prevención y autocuidado

José Miguel Gómez
La cultura dominicana predice un aprendizaje emocionalmente negativo: “le pelamos el plátano a cualquiera” “no le aguantamos pendejadas a nadie” “el que me busca me encuentra”. Cuando se sostienen sistemas de creencias distorsionados y limitantes, terminan configurando el comportamiento y también los resultados de vida.
Existen personas de carácter “difícil” “psico rígidos”, calificados de mecha corta, impulsivos, es decir, personas que no tienen filtro, que no valoran riesgo ni miden consecuencias y, mucho menos, aprender a gerenciar los límites.
Todos conocemos personas en una familia, en un trabajo, en pareja o grupos de amigos que, viven rompiendo relaciones, generando conflictos, restando personas y optando por aislarse debido a su “mal carácter” su pobre inteligencia emocional y social.
Esas personas que se rompen así mismas, que dañan relaciones, quiebran amistad y no tienen habilidades y destrezas para su autocuidado y armonía personal. Son los que terminan en relaciones conflictivas, dañando espacios y personas, todo por no ser tolerantes, prudentes, asertivos y practicar la cultura de los buenos tratos y de eso tratan los limites saludables. Los límites son recursos psicoemocionales y conductuales que, ayudan al control emocional, al silencio sanador, a poner pausa para valorar los riesgos y medir las consecuencias antes de confrontar una crisis, una adversidad, un conflicto, un de safío o una desavenencia. Existen cuatro tipos de límites: externos, físicos, psicológicos y de contención según Julian E. Taylor Shore. Cada uno tiene una función que ayuda al autocuidado personal, como los límites externos y físicos, donde uno se retira, toma distancia, se toma tiempo en asumir una decisión donde la corteza pre frontal, ayuda a discernir, discriminar, analizar y reflexionar de formar asertiva y en armonía.
Los límites psicológicos y de contención ayudan a guardar silencio, tomarse su tiempo, controlar sus impulsos y emociones, gerenciar nuestras emociones para valorar riesgos y posibles daños que nos esperan y como debemos defendernos y auto cuidarnos. La función de los límites saludables es, ayudarnos a evitar el daño, reforzar y valorar nuestra confianza, la autocompasión, la autoestima, nuestra dignidad y nuestro respeto. Cuando aplicamos límites con personas tóxicas, perversas, maledicentes y dañadas espiritualmente, estamos desarrollando factores protectores, de resiliencia y de sentirnos seguro en cualquier entorno. Otra de las funciones de los límites son: ayudar a que las demás personas cambien su forma de comportarse frente a uno, debido a que saben cómo reaccionamos y demandamos respeto, para no ser sombras, ni el resultado de las otras personas. El aprendizaje psicoemocional y conductual de los límites ayudan a enfocar nuestro cerebro, lo hace más flexible, lo conecta mejor, lo estimula y favorece la neuro plasticidad cerebral. Tenemos personas en cárceles, cementerios, con dificultades para conectar o fluir en la vida en diferentes espacios, producto de la ausencia de poner límites. O sea, los límites son preventivos, nos cuidan, nos ayudan a no tomar decisiones riesgosas ni fuera de control. Las personas que utilizan límites saludables tienen mejor salud mental, son resilientes y asertivas. Pero también, se conocen mejor, saben de su valor, su merecimiento y de su importancia en cada espacio y en cada rol que deben asumir. En el acompañamiento psicoterapéutico con mis pacientes, enfoco mucho los límites, aprender de ellos y reforzarlo para tener una vida de mayor logro, de paz, armonía y felicidad.