Guardianes de la verdad Opinión

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Siempre me he dicho que para comprender y disfrutar de una bella sinfonía o un buen concierto, es necesario oírla más de una vez. Lo mismo sucede con los libros. Los libros son maestros de la vida. Se escriben y publican para ser leídos por otros y para que otros aprendan de ellos, apliquen su saber y lo disfruten con mayor deleite.

En estos días de relativo asueto, me dio por releer “En Nombre de la Rosa”, de Umberto Eco, que años atrás me había impresionado vivamente por su erudición y la trama para desentrañar una serie de crímenes y sucesos misteriosos que suceden en una Abadía benedictina célebre por los libros y manuscritos de su biblioteca que encierra verdades y errores celosamente custodiadas. Guillermo de Baskerville fraile franciscano, antiguo inquisidor de la iglesia, mente brillante apasionado por la verdad científica, comisionado por Ludovico y el Abad, para investigar y esclarecer, acompañado por el novicio Adso, su discípulo, quien recluido en su monasterio, se dispone a recoger las memorias de aquellos días tormentosos.

Los dramáticos sucesos, coincidirían con un encuentro concertado entre legaciones de bandos rivales provocado por el Capítulo de Perusa (1322-1324) cuando la Orden Franciscana proclama la pobreza de Cristo y sus apóstoles como dogma de fe siendo adoptada por el Emperador Ludovico y repudiada por el Pontífice Juan XXII, calificándola de herética y perniciosa, abriendo una peligrosa escisión que amenaza la unidad y el dominio de la Iglesia Católica.

El día del encuentro “se produce una fraterna discusión sobre la pobreza de Jesus.”

Aquello fue de brinco y espanto. Imprecaciones, insultos, acusaciones personales, ¡un pandemónium! que culmina como tendría que terminar: “una querella que no tiene razón de ser entre un padre amantísimo y sus devotos hijos.” Escandalizado y conturbado por lo visto y oído, no sin serias dudas sobre ese final feliz, Fray Guillermo es compelido a agotar su turno, y resulta refrescante volverlo a leer esta vez con la mirada puesta en el acontecer político nacional. Por ejemplo cuando el Presidente Medina recientemente proclama su honestidad personal, a lo que Fray Guillermo nos dice: “Pero lo que importa no es si Cristo fue o no pobre, sino si la iglesia debe o no ser pobre.”

De la estéril disputa y el fin último perseguido por ambas legaciones unificadas, el antiguo inquisidor reflexiona y señala: “En las cosas terrenales el pueblo debería ser el legislador y la primera causa eficiente de la ley.” Le parece sensato que una Asamblea General Electiva -¿Constituyente?- “pudiera interpretar, alterar o suspender la ley, porque si la ley la hiciera uno solo este podría obrar mal por ignorancia o por maldad.” Añadiendo “no es necesario recordarle a los presentes cuantos casos así, se habían producido recientemente.” Adso agudamente apuntaría: “Habiendo observando los rostros presentes, cada uno pensaba en una persona distinta y cada uno era ejemplo de maldad.”

Los libros nos enseñan en cada lectura, lecciones que creímos olvidadas y nos hace ver las cosas en tercera dimensión. Basta aplicar lo enseñado para conocer la realidad que vivimos y sus causas.

Sobre el autor

Luis Scheker Ortiz

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