Guardianes de la verdad Opinión

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EDUARDO JORGE PRATS
El gran error de la doctrina comunista fue subestimar la capacidad del capitalismo de reinventarse a sí mismo. Y precisamente el gran éxito de la social democracia fue su convencimiento de que era posible transformar el capitalismo realmente existente, a través de la conciliación del capital y del trabajo, de los derechos sociales y del establecimiento de un Estado Social que asumiera los deberes que impone la situación de procura existencial a que se someten las masas en toda sociedad industrializada.

En su actitud frente al capitalismo, la social democracia se apegó definitivamente a la versión original del marxismo. Quién mejor que Marx pudo resaltar las virtudes del capitalismo, su indetenible fuerza expansiva, su inherente potencial globalizador y globalizante. Las páginas de Marx dedicadas a analizar el avance capitalista son una apología del capitalismo que no se encuentran en Adam Smith ni en Ricardo, por sólo citar dos nombres de la vieja guardia capitalista. Marx pensaba, sin embargo, que el desarrollo capitalista conduciría indefectiblemente a la sociedad sin clases. Lenin y Stalin pensaron que había que darle un empujón a la revolución, aunque fuera abandonando la idea de un socialismo mundial y dedicándose a la tarea de construir el sistema comunista en una nación. Los social demócratas fueron los primeros que supieron que era posible construir una sociedad más justa y solidaria, condicionando la infraestructura económica a través de un “reloading” de la superestructura política, de las instituciones y de los derechos.

Con razón un viejo comunista, de la tradición marxista no por casualidad, como es el caso de Antonio Negri, ha alabado, junto con su colega de afanes teóricos Michael Hardt, en las obras “Imperio” y “Multitud”, las virtudes del capitalismo digital posmoderno. De hecho, ambos consideran que la semilla del cambio y de la emancipación de las masas se encuentra precisamente en el núcleo duro del capitalismo global y que las verdaderas fuerzas conservadoras son hoy día la derecha nacionalista y autoritaria y la izquierda que todavía cree en la gran lucha contra el capitalismo.

Paradójicamente -o no tanto si nos apegamos al marxismo original- la nueva izquierda que lucha por un mundo más justo, social y ecológicamente responsable -que no es antiglobalizadora como vulgarmente se cree si no que lo que quiere es, como afirma José Alejandro Ayuso, que se gobierne la globalización- comparte muchas ideas con el nuevo capitalismo de la sociedad posindustrial. Gente como George Soros y Bill Gates, a quienes el francés Olivier Malnuit considera “liberales comunistas”, tienen más en común con el movimiento “anti-globalización” que con la derecha contaminante, discriminante y autoritaria. Se trata de líderes que, al igual que los activistas de Porto Alegre, creen en la responsabilidad social de las empresas, el respeto al medio ambiente, el valor de la educación y de los recursos humanos, la transparencia de las transacciones, el apego a un código estricto de conducta, y la importancia del ocio y del trabajo creativo.

No por azar Slavoj Zizek, que ha reivindicado la utilidad actual para la izquierda de las ideas de Lenin y

de Stalin, considera que los liberales comunistas constituyen la principal amenaza para quienes creen en lo que él denomina “la verdadera lucha progresista de hoy”. En realidad, los liberales comunistas son los enemigos de la izquierda reaccionaria. Y es que, en verdad, los movimientos emancipadores y contrahegemónicos nacen hoy de las entrañas mismas del capitalismo: los liberales comunistas son al capitalismo lo que los comunistas tornados en socialdemócratas fueron al movimiento comunista.

La cuestión hoy es, si así como el capitalismo se viró a la economía social de mercado en el siglo pasado, por obra y gracia de las luchas de los trabajadores y de su vanguardia la social democracia, la izquierda podrá reconciliar -y reinventar- los viejos ideales de la emancipación social con las fuerzas del nuevo capitalismo global. ¿Surgirán los comunistas liberales que acompañen a los liberales comunistas en la creación de un nuevo orden social más justo y solidario? Pensamos que sí, creemos que

Davos y Porto Alegre no están tan lejos, que ese comunismo liberal es, en realidad, la única Tercera Vía viable hoy en día, la verdadera social democracia del siglo XXI.

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