Guardianes de la verdad Opinión
Elvira Lora

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Este sábado 10 de mayo recordaré esta confesión de Petronila Angélica Gómez Brea sobre lo que sucedió ese día, pero en 1925. Era domingo, vibraba el jazz y el bronce naranja de la ciudad amurallada, iluminaba la reunión secreta que convocó en el local del “Kindergarden”, de la señorita Mercedes Amiama, localizado en la casa número 10, de la calle Duarte.

Allí, ataviadas de blanco y con el respaldo de cuatro maestros e intelectuales (el jurista Félix María Nolasco, Federico Henríquez y Carvajal, Francisco Amiama Gómez y Luis C. del Castillo), se reunían para conformar el Comité Central Feminista de la Liga Feminista Dominicana. Al teléfono, en un breve telefonema, sus amigas (Consuelo Montalvo de Frías, Celina L. de González y Laura H. Geraldino), de San Pedro de Macorís, respaldando lo que para todas era “la obra social génesis para ser ciudadanas”.

Pero, escribe la maestra normal en sus memorias posteriores, aquel encuentro en el cual participaron las mujeres diplomadas de la época, causó “una especie de protesta, por lo que muchas se retiraron y las pocas que quedaron en pie, convencidas de la utilidad de la obra social que comenzaba a realizarse, aplazaron las labores hasta el momento más propicio, y continuaron escribiendo en Fémina”.

El Comité Central Feminista de la Liga Feminista Dominicana, era fruto de aquel 15 de mayo de 1923 cuando, también registrado en la revista Fémina, la secretaria general de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, la mexicana Elena Arizmendi, escribe una epístola a la directora de la publicación independiente petromacorisana, no solo para comenzar una relación editorial, sino, también para que creara lo que podemos considerar una extensión política de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, red que se extendía desde España a Argentina. Su consigna era instaurar derechos civiles y políticos a todas las mujeres.

Quizás, al leer la carta y posteriormente publicarla, nuestra editorialista recordaba que para mayo de 1920 había participado, con su maestra Ercilia Pepín encabezando el movimiento, en la icónica Semana Patriótica, durante la cual desarrollaron una serie de actos cívicos, entremezclados con eventos culturales y religiosos, reclamando la soberanía nacional.

¿Sabía, entonces, la trascendencia de mayo? Algunos hitos editoriales nos arrojan ciertas pistas. Por ejemplo, para 1924, insta a su jefa de redacción, Consuelo Montalvo de Frías, a testificar la manera en que, desde el espacio privado al que estaban consignadas -el hogar-, observan el espacio público desde la distancia que se les impone (“las tareas domésticas”) y recurren a narrar sus días para lograr que las dominicanas sean sujeto político e histórico, con garantías legales.

También, en 1927, en recordatorio a su detenida tarea de dos años, antes a raíz de las incisivas críticas conservadoras, rinde tributo y memoria a la educadora Luisa Ozema Pellerano, reuniendo en esa edición especial a las valientes profesionales que le acompañaron la tarde del domingo 10 de mayo de 1925 (nos referimos a Carmen González de Peynado, Ana Teresa Paradas, Gladys E. de los Santos, Conchita Blanco Weber, Natalia García, Eduvijis Rosas, Sofía Oliva de Carrasco, Enriqueta Maggiolo de Cruzado, Patria Mella y Dilia Perdomo) y haciendo una invitación especial a sus entrañables amigas Abigail Mejía Soliere y Juana de Ibarbourou, quienes participaron con prosas y versos.

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Para mayo de 1928, Fémina publica una carta que Elena Arizmendi dirige a los embajadores asentados en la capital estadounidense, refiriendo las diferencias entre la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas y el Partido de Mujeres Políticas de los Estados Unidos, en la cual comenta que la causa de ambas entidades es similar, pero que sus programas son distintos.

Lo cierto es que, el viernes 14 de mayo de 1931, Abigaíl Mejía Soliere crea Acción Feminista Dominicana (AFD) y emprende las acciones para el sufragio universal de las dominicanas. En su manifiesto fundacional se recomienda a las cámaras legislativas tres anteproyectos sobre: ley de protección a la infancia, ley que favorezca y facilite el matrimonio y la ley del negociado del trabajo de la mujer. Además, el combate al porte de armas, al alcoholismo y la prostitución.

¡También nuestras pioneras sufragistas encontraron oposiciones! Al respecto, encontré que en 1977, la poeta e historiadora Livia Veloz rescató lo que pasó aquel 14 de mayo de 1931: “En mayo ideamos y pusimos en práctica nueva vez nuestros ideales feministas. Entonces, se levantó una ola de protestas y críticas. Hasta ahí no quería llegar la sociedad en su tolerancia y para que la asociación echara raíces y creciera, fue necesario mucho hablar, mucho escribir, hasta conseguir hacer conciencia en una parte del pueblo, pues otra permanecía sorda al reclamo del feminismo”.

Para el 16 de mayo de 1934, unidas en un solo clamor, se logra el voto ensayo, todo un hito en el cual 96,427 mujeres votantes van a las urnas a completar una especie de referéndum, en las que se declaran dispuestas a participar en procesos electorales. Petronila Angélica Gómez Brea participa como directora de la mesa número 20, junto a Consuelo Almodóvar y Consuelo Mieses.

Antes del 16 de mayo de 1942, cuando se registra el primer voto de las dominicanas en unas elecciones oficiales, también ese día, pero en 1939, se publica en la revista Fémina otro hito sufragista de Petronila Angélica Gómez Brea: se une a la Liga Americana de Consolidación de la Paz del Colegio Superior de Señoritas, de las feministas Máxima Olmos de Jiménez, de Argentina y Ángela Acuña de Chacón, de Costa Rica. Era el llamado universal de nuestras madres espirituales para erradicar las guerras, ante el ocaso mundial que se avenía… Y en el último año de esta emblemática edición.

Así, aparecida lectoría, desde el registro inquebrantable que nos dejaron Petronila, Consuelo y Luisa, rescatamos que mayo no es solo un mes en el calendario, es un testimonio vivo de las luchas que nos precedieron y un recordatorio de que nuestra voz sigue siendo indispensable. Las mujeres que abrieron caminos no solo escribieron la historia, la transformaron y hoy, tenemos la responsabilidad de seguir avanzando. ¡Qué el eco de mayo siga resonando en nuestra historia y en nuestro presente!

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ELVIRA LORA

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