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Reflexión

Pocos los escogiditas, no muchos los escogidos

Pero en deporte ni en campo, territorio o reino alguno los escogidos suelen ser muchos. Siempre se trata de una selección, en base a criterios y normas específicas, a menudo muy exigentes.

Pocos los escogiditas, no muchos los escogidos

Pocos los escogiditas, no muchos los escogidos

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Indudablemente, los liceístas son más, pero los tígueres y el tigueraje abundan en todos los niveles.

La derrota de los Leones en México casi ni se mencionó entre los seguidores del béisbol. Acaso porque la fanaticada parece más interesada en la Serie Mundial próxima a celebrarse en Miami, y quizás porque algunos directores de páginas deportivas son liceistas furibundos y no le pusieron mucho caso a la reciente Serie del Caribe.

Pero en deporte ni en campo, territorio o reino alguno los escogidos suelen ser muchos. Siempre se trata de una selección, en base a criterios y normas específicas, a menudo muy exigentes.

Insistentemente, Eduardo Kinnen, nuestro profesor de Filosofía social, especialista en los temas de ética y moral social, trataba de demostrarnos que el cristianismo era una propuesta elitista; aunque por razones humanitarias o estrategia de difusión se pone mucho énfasis en que “todos pueden optar a la propuesta de Jesucristo”.

Y lo interesante y paradójico es que es cierto. Todo el mundo puede y tiene el derecho y las condiciones para optar por esa propuesta, incluso los más viles y desalmados, si aceptan determinadas condiciones.

O sea, que con solo arrepentirse tres minutos antes de morir el cielo le abre las puertas a un delincuente.

Recientemente hemos visto reportes de exnarcotraficantes laborando en actividades de recoger niños abandonados y jóvenes descarriados para cuidarlos en hogares mantenidos por ellos mismos.

Lo que sí verdaderamente apena es que gentes inteligentes y con condiciones humanas e intelectuales para descifrar los códices de este enigmático pero sencillo juego del camino espiritual, no lo alcancen, y ni siquiera se lo proponen seriamente.

Muchos, especialmente gente que fue a buenas escuelas, que ha devorado y aun escrito interesantes libros sobre asuntos psicológicos, almáticos y espirituales, parecen tener dificultades para entender o aficionarse este asunto tan sencillo, y prefieren complejizarlo con enfoques y conceptos sofisticados y rebuscados, y se pierden en disquisiciones absurdas, tan complejas como distantes de la regla básica del juego: renunciar a todo lo demás.

Paradójicamente, el juego suele complicársele a gentes inteligentes que se dejan distraer por trampas religiosas, políticas o por simples distracciones mundanas y sensuales.

Dramático y triste es el caso de aquellos que por persecuciones religiosas o políticas, aun llegando a ser sabios intelectuales y científicos, se dedican a discutir y rivalizar con las ideas de sus perseguidores, complicando así un juego de sentido común con “sofisticamientos” que falsifican una realidad simple y directamente observable.

Gente inteligente de primer orden, por resentimiento social, por conflictos con sus seres cercanos, aborrecen y detractan todo lo que sus preceptores y maestros cercanos piensan y aconsejan.

El juego es duro, a menudo muy rudo. Pero en el fondo sencillo. Y los triunfadores suelen ser gentes simples y comunes, que han tenido la vista y el corazón en la dirección correcta.

¡Qué mejor ilustración que la del ladrón que crucificaron junto a Jesús, que, por tan solo mostrar respeto por él, Jesús le dijo: “Mañana estarás conmigo en el paraíso”.

Sobre el autor
Rafael Acevedo

Rafael Acevedo

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