Revolución
Preparativos de la expedición haitiana contra Santo Domingo
El doctor Tomás Madiou, en su obra Historia de Haití, Tomo VIII, cuenta que el presidente haitiano salió de Puerto Príncipe el 10 de marzo, a las seis de la mañana.

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El 28 de febrero de 1844, el general Henry Desgrottes, comandante del distrito y de la Guarnición de Santo Domingo, capituló ante la Junta Central Gubernativa, presidida por el general Ramón Matías Mella, e integrada por Francisco Sánchez, Remigio del Castillo y Wenceslao de la Concha.
El día antes, los patriotas dominicos, dirigidos por el general Mella, habían proclamado la separación de la parte española, que estaba bajo el dominio de Haití desde 1822.
La capitulación, lograda con la mediación del cónsul de Francia, Eustache Juchereau de Saint Denis, preveía: protección y respecto a las familias, salida honorable de los funcionarios públicos, “honestidad y lealtad en la conducta de ambas partes” y evacuación inmediata de las tropas y el arsenal (Boletín Oficial del Gobierno de Haití, 1844, en “Recueil des Lois & Actes du Gouvernement D´Haiti, Colection Listant Pradine”).
También estipulaba que las armas de las tropas que componían la guarnición de Santo Domingo fueran depositadas en el Consulado francés, para ser devueltas a los soldados de los regimientos haitianos a su regreso, y que los oficiales conservarán sus armas y no estarán obligados a entregarlas.
En Puerto Príncipe, el general de División Hérard Dumesle, secretario de Estado de Relaciones Exteriores, de Guerra y Marina, se diría a la Asamblea Nacional, el dos de marzo de 1844, solicitando sea autorizado el Presidente Charles Riviére Hérard Ainé a desplazar tropas hacia el este, en los siguientes términos:
“El Presidente de la República me ha encomendado informarles que la revuelta, aprovechando la situación actual, se ha atrevido a desplegar sus banderas en varios puntos del oriente del país: los colores de Colombia son sus emblemas. En esta grave circunstancia, el Presidente consideró esencial movilizar a toda la guardia nacional y acudir personalmente al lugar para observar los movimientos de las tropas y darles la orientación más útil para asegurar el éxito. Ha coordinado y determinado los medios para mantener el orden, la seguridad pública y brindar apoyo en todo el país; y, en concierto con el asesoramiento de los Secretarios de Estado, al recibir la noticia, la difundió a todo el territorio e instruyó a las autoridades a tomar medidas inmediatas acordes con la situación actual. Cree, además, y el consejo coincide con él, que la situación actual de la República presenta una de las grandes e imponentes necesidades en las que se aplica esta famosa máxima: la seguridad del pueblo es la ley suprema
El 4 de marzo, dando respuesta a la petición del secretario Dumesle, la Asamblea Nacional de Haití decretaba lo siguiente:
“Decreto:
Artículo 1. — El Presidente de la República queda autorizado a movilizar a la Guardia Nacional de todas las comunas de la República, en el momento y según lo considere oportuno, para atender las necesidades del servicio público y el restablecimiento de la tranquilidad general, de conformidad con el Decreto sobre la Reorganización de la Guardia Nacional, de 29 de mayo de 1843.
Artículo 2. — El Presidente de la República también queda autorizado a comandar personalmente las fuerzas de tierra y mar de la República, que se dirigirán a la zona oriental de la República.
Artículo 3. — Estas autorizaciones cesarán automáticamente al restablecerse la tranquilidad pública en la zona oriental.
Artículo 4. — El presente decreto se dirigirá al Poder Ejecutivo, de conformidad con la Constitución.
Hecho en la Casa Nacional de la Asamblea Constituyente, el 4 de marzo de 1844, año 41 de la Independencia de Haití y 2 de la Regeneración. El Vicepresidente de la Asamblea, Firmado: J. Paul.
Los Secretarios, Firmado: Barbancourt, J. H. Fbancois, Charles Devimeux y St.-Aude.(Boletín Oficial, ob. Cit.).
Ese mismo día, el presidente Hérard Ainé convocó a una movilización general de las guardias nacionales, y en otro decreto dispuso la concentración de las tropas del sur de Haití en el distrito de Croix -des-Boquetes, a las diez de la mañana del siete de marzo, disponiendo el reclutamiento de todos los hombres en edades entre 15 y 60 años, para marchar hacia la parte española de la isla.
El siete de marzo, el presidente haitiano Hérard Ainé, se dirige a los habitantes de la parte este, o sea al pueblo dominicano, exhortándoles a la reflexión y a deponer la intención de la separación:
“La República, como una madre indulgente, estará feliz de recibir en su seno a sus hijos descarriados; pero si, cerrando vuestros ojos a la luz y despreciando el sabio consejo de los buenos ciudadanos, persistís en vuestra ceguera, ella no tendrá piedad de vosotros y atraerá sobre vuestras almas culpables toda la venganza de la nación” (Ibidem).
El ocho de marzo, el presidente haitiano decretó el cierre de los puertos de la parte Este, desde Anse-A-Pitre, pasando por Santo Domingo, hasta Monte Cristi.
Para seguir con los preparativos, la Asamblea Nacional decretó, el nueve de marzo, la asignación “al Presidente de la República de una suma de tres mil gourdes – a 4 por cada dólar de la época- para gastos de viaje y otros gastos especiales e imprevistos relacionados con la expedición a la zona oriental del país”.
También asignó al secretario de Estado del Departamento de Guerra una suma de sesenta mil gourdes para los gastos extraordinarios del ejército expedicionario.
El doctor Tomás Madiou, en su obra Historia de Haití, Tomo VIII, cuenta que el presidente haitiano salió de Puerto Príncipe el 10 de marzo, a las seis de la mañana. Se detuvo en Croix-des-Bouquets para pasar revista a las tropas. Las columnas 1era y 2da se ponen en marcha hacia Santo Domingo. El presidente Hérard Ainé se dirige con una parte de las tropas por Las Caobas -ruta que da a Elías Piña-, mientras que el general Souffrant toma la ruta de Neyba.
Antes de partir a su excursión armada contra el pueblo dominicano, el presidente haitiano lanzó una proclama a su país, el 12 de marzo, que decía lo siguiente:
“Haití, en pocos días estaré a las puertas de Santo Domingo. Treinta mil hombres, un contingente de artillería compuesto por obuses y piezas de artillería pesada, asegurarán el éxito de esta campaña. Me presentaré primero como un misionero de la paz y la verdad; hablaré el lenguaje de la persuasión; pero si esta ciudad rebelde ignora la voz de la sabiduría, si clama por la intervención extranjera, lamentaré la triste necesidad en la que me habrá colocado, y no dudaré en emplear la fuerza y la voluntad necesarias para sofocar la revuelta e izar de nuevo la bandera, que la independencia desplegó con tanta elocuencia, sobre la catedral de la ciudad más antigua del Nuevo Mundo” (Ibidem).
El día 13 marzo de 1844, las huestes haitianas son atacadas por patriotas dominicanos en Galván, y el 19 sufren la primera gran derrota por parte del naciente ejército dominicano, en Azua, al mando del general Pedro Santana, y esa situación fue reflejada en un reporte del secretario Dumesle, en el Boletín Oficial, el 24 de marzo:
“... dados los informes que les han llegado de que soldados y guardias nacionales en marcha han desertado sus banderas y rondan las ciudades para sembrar la alarma;
Declara que, a instancias de los comandantes de distrito y de guarnición, y de todos los demás agentes de la fuerza pública, los soldados y guardias nacionales que hayan huido del ejército serán arrestados, llevados ante una comisión especial y juzgados con todo el rigor del código penal militar, como desertores ante el enemigo” (Ibidem).