Si estamos separados de Cristo, pereceremos

Teófilo Quico Tabar
Tratando de buscarle explicación a lo que ocurre en el mundo, siempre es bueno recurrir a lo que expresa el libro sagrado o lo que escriben los que han entregado su vida al sacerdocio y las enseñanzas por la fe. Entre ellos hay una nota de San Juan Crisóstomo, obispo, que dice: “Nadie puede poner otro cimiento del ya puesto, que es Jesucristo. Fíjate cómo Pablo prueba sus asertos sirviéndose de nociones corrientes. Lo que intenta decir es esto: Les anuncié a Cristo, le puse el cimiento. Atención a cómo edifican: por vanagloria o para que los hombres no se hagan discípulos suyos”.
“No hagamos caso a los herejes: Nadie puede poner otro cimiento del ya puesto. Edifiquemos, pues, sobre él y adhirámonos a él como al fundamento, como el sarmiento se une a la vid, y que nada se interponga entre nosotros y Cristo, pues en el momento que algo se interponga, perecemos. El sarmiento mientras esté adherido a la vid, chupa la savia; y el edificio bien compacto se mantiene en pie, pero si está agrietado, se derrumba al no tener dónde apoyarse. No nos contentemos, pues, con estar unidos a Cristo: formemos un bloque con él, pues si estamos separados, perecemos, y los que alejan se pierden”.
“Fusionémonos con él mediante las obras: El que guarda mis mandamientos -dice-, permanece en mí. Y nos une a él utilizando muchas comparaciones. Él es la cabeza, nosotros, el cuerpo. Él es el cimiento, nosotros el edificio; él es la vid, nosotros los sarmientos. Él es el pastor, nosotros las ovejas; él es el camino, nosotros los que caminamos por él; nosotros somos el templo, él el morador del templo. Él es el primogénito, nosotros somos sus hermanos; él es el heredero, nosotros los coherederos; él es la vida, nosotros los vivientes; él es la resurrección, nosotros los que resucitamos. Él es la luz, nosotros los iluminados”.
Puede leer: Los políticos deben evitarlos lentes mágicos
“Todos estos ejemplos conllevan una vinculación y no permiten la existencia de un espacio intermedio vacío, ni el más mínimo. Quien se separa un poco, incluso hacia adelante, acabará separándose mucho. Pasa lo mismo con el cuerpo: si, con un tajo de espada, admite una pequeña separación, perece; y si el edificio soporta una insignificante fisura, acabará desmoronándose; y si el sarmiento es separado aunque mínimamente de la raíz, se convierte en sarmiento inútil”.
“Por consiguiente, este poco no es poco, sino que casi podría decirse que es el todo. Cuando se comete un pecado leve, no dejemos de darle toda su importancia, pues si lo descuidamos, pronto se agrandará. Es lo que ocurre con un vestido: si comienza a romperse y no ponemos remedio, acaba por rasgarse del todo. Y si no se arregla un tejado del que han volado algunas tejas, acabará por derrumbarse la casa. Teniendo en cuenta, pues, todo lo dicho, no despreciemos jamás lo pequeño, para no caer en lo grande, pues luego resultaría difícil resurgir si no se vigila mucho”.
“Si alguien cae en un pozo, lancémosles una soga y tiremos de ellos hacia arriba. No sólo ellos tienen necesidad de esta ayuda, sino nosotros mismos. Para atarnos también nosotros y subir mucho más arriba. Si lo deseamos, Dios nos presta su ayuda”