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Feminismo

¿Por qué siempre es bueno leer el Manifiesto Feminista de Abigaíl Mejía?

Entonces nos surgió la pregunta que toda mujer dominicana debe hacerse: ¿Por qué siempre es bueno leer el Manifiesto Feminista? ¿Qué tan vigente es el Manifiesto Feminista?

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Era viernes en la noche y Mayra Acosta Reyes, afanada con su tesis doctoral, me invitó a que releyéramos el Manifiesto Feminista de Abigaíl Mejía, obra que publica integra la presidenta de la Acción Feminista Dominicana en 1939, en la imprenta Fémina, es decir, con el cuidado y detalle de edición de Petronila Angélica Gómez Brea. Claro, desde 1926 iba publicando sus pensares, y en 1931 realiza la primera edición.

Entonces nos surgió la pregunta que toda mujer dominicana debe hacerse: ¿Por qué siempre es bueno leer el Manifiesto Feminista? ¿Qué tan vigente es el Manifiesto Feminista? Entonces, ambas -yo como asesora de tesis y ella con la gran aventura de hacer un verdadero aporte- nos dimos la tarea de respondernos… y responderles.

Sin dudas, leer el Manifiesto Feminista de Abigaíl Mejía es reencontrarse con una voz pionera que, desde la década de 1920, supo articular las demandas de las mujeres dominicanas en torno a la igualdad y la ciudadanía. Estamos ante un pensamiento que no es del pasado, sino una guía que ilumina las perennes luchas presentes.

Entre ambas re-descubrimos que Mejía definió el feminismo como una doctrina reivindicadora que busca la liberación de la mujer y la concesión de los mismos derechos humanos que posee el hombre. Y esta definición, clara y contundente, sigue siendo un recordatorio de que la igualdad no es un privilegio, sino un derecho.

A mi me vino a la cabeza la idea de “la nueva mujer”, de Laura Lauretis en la década de 1970… Así es, Abigaíl Mejía, adelantada a su tiempo, en su ideario presenta a la mujer como sujeto central: consciente, intelectualmente activa y capaz de superar la “triste inercia” de la frivolidad a la que estaba sumida. Leerla hoy es reconocer que la transformación social comienza con el despertar intelectual y la autonomía.

Para Abigaíl, el adelantado y necesario concepto de la mujer nueva era la de un sujeto consciente y autónomo, que rechazaba ser una “muñeca de salón” y reclamaba su lugar en la vida profesional y política. Este ideal sigue siendo una invitación a romper cadenas, estereotipos y asumir responsabilidades ciudadanas.

Sin dudas, uno de los puntos más poderosos de su discurso fue la defensa del sufragio femenino. En este ideario Mejía desmonta el argumento de que las mujeres no estaban preparadas para votar, señalando la contradicción de permitir el voto a “hombres analfabetos” mientras se negaba a mujeres profesionales y educadas.

Es por esto que la educación ocupa un lugar esencial en su propuesta. Para Abigaíl, era la base del crecimiento de la mujer y la llave para abrir las puertas de profesiones liberales como la Medicina o el Derecho, cuando ya eran exitosas Evangelina Rodríguez y Ana Teresa de Paradas. Leer su manifiesto es recordar que la formación académica es un arma de emancipación.

Mayra atinó a contabilizar las propuestas que Abigaíl para las reformas en los Códigos Civil y Penal, denunciando desigualdades como la obediencia obligatoria al marido o las penas injustas por adulterio. Se trata de una visión jurídica demuestra que el feminismo no se limita a la teoría, sino que busca cambios concretos en las leyes.

Nos adentramos también a la importante categoría de la maternidad, juntas reafirmamos que para Abigaíl Mejía ser madre no era una excusa para la exclusión, sino una fuerza vital y ética que dignifica a la mujer. Ella lo dice claro: al dar la vida, la mujer posee una autoridad moral que la sitúa a la altura del hombre y le otorga legitimidad para reclamar derechos.

Vimos como en este ideario la creación de la Acción Feminista Dominicana (AFD) en 1931 fue la materialización de lo que pensaba. Esta organización se convirtió en el cuerpo de batalla que impulsó el voto femenino en 1942 y demostró que la acción colectiva es indispensable para transformar la sociedad. No obstante, la muerte que le sorprende en 1941 le impidió vivir el hito que construye con una red de mujeres dominicanas que entendieron su pensamiento.

Las lecturas con Mayra Acosta Reyes se profundizan, su tesis doctoral avanza, y lo bueno es saber que así como estudié -y sigo estudiando- a Petronila y a Consuelo Montalvo de Frías, ella aborda a Abigaíl desde la prensa. Es más que un sueño que cada una de nosotras, sus herederas genealógicas, logre reconstruir a cada una de nuestras pioneras.

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ELVIRA LORA

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