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Visitantes

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En los últimos años, el Gobierno ha promovido cifras récord de llegada de “visitantes” para destacar el desempeño del turismo. Hasta noviembre de 2025, el Ministerio de Turismo reporta 10,284,251 visitantes no residentes por vía aérea y marítima. El problema no es el récord, sino la mezcla: se presentan segmentos distintos como si tuvieran el mismo peso económico.

Según los estándares de la Organización Mundial del Turismo, visitante es toda persona que entra a un país distinto al de su residencia habitual por menos de doce meses y sin intención de residir. Dentro de ese universo hay matices decisivos. Turista es quien pernocta al menos una noche. Excursionista es quien no lo hace, como ocurre con los cruceristas.

En la República Dominicana hay un tercer grupo que distorsiona la lectura del total: el dominicano no residente que llega por vía aérea. Tratarlo como equivalente al turista extranjero crea una equivalencia estadística engañosa. Quien se hospeda en casa de familiares suele gastar menos en alojamiento y consume más fuera del circuito turístico formal. Su impacto en empleo, impuestos y encadenamientos es distinto.

Los datos confirman por qué esta distinción importa. Del total acumulado a noviembre, 7,884,241 llegaron por vía aérea y 2,399,830 lo hicieron como cruceristas. Dentro de la llegada aérea, 6,585,178 fueron extranjeros no residentes y 1,298,797 dominicanos no residentes. El grupo dominicano crece más rápido que el extranjero, cambiando la composición hacia segmentos de menor gasto promedio.

La desaceleración del turismo extranjero es visible desde 2022. Ese año creció 16.0 %. En 2023, 6.8 %. A noviembre de 2025, apenas 2.2 %. En contraste, los dominicanos no residentes crecieron 7.5 %. Este cambio reduce el impacto económico por cada llegada.

La diferencia no es académica. Cambia el diagnóstico y las prioridades. Si el crecimiento viene por cruceros, la discusión debe centrarse en tarifas portuarias, gasto local por excursionista, congestión, seguridad, ordenamiento territorial y calidad de la oferta en los destinos de escala. Si el crecimiento viene por dominicanos no residentes, el foco debe estar en conectividad, estacionalidad, presión sobre servicios locales y medición correcta del ingreso turístico. Y si el motor es el turista extranjero de pernocta, entonces la hotelería, la ocupación, la estadía promedio y el gasto diario son el centro del análisis.

Más visitantes no garantizan más ingresos ni más empleo. Si quienes llegan gastan menos o permanecen menos tiempo, el efecto neto se debilita. Confundir “visitantes” con “turistas” produce titulares optimistas, pero dificulta entender la trayectoria real del sector. Si se busca maximizar el aporte del turismo al desarrollo, las métricas deben priorizar tipo de viajero, estadía, gasto y origen. No todo el que llega dinamiza la economía de la misma forma.

Sobre el autor
Daniel Toribio

Daniel Toribio

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