Origen histórico de los demagogos: La política en Grecia

Origen histórico de los demagogos: La política en Grecia

Portada de Fiers d'être demagogue de Phillipe Lafargue.

1. Quizá este epígrafe resume mejor que cualquier otra frase el sentido profundo de la intencionalidad oculta de los demagogos, esa especialidad de la democracia ateniense aparecida en el siglo V antes de Cristo y que, con ligeras modificaciones ha sobrevivido en Occidente y otras partes del globo, fenómeno estudiado por Phillipe Lafargue en su libro Fiers, d’êtredemagogues!- Paris: Buchet-ChastelLibella, 2022,357p. ¡Orguillosos de ser demagogos!

2. La conclusión del libro de Lafargue, luego de pasearnos por 244 páginas de estudio de los orígenes históricos del surgimiento de la demagogia y los demagogos en Grecia y cómo este personaje y su doctrina han sobrevivido hasta hoy, son quizá estas palabras: «En nuestros regímenes representativos, el demagogo es ese mal que aviva las pasiones y multiplica las promesas para alcanzar el poder-promesas que jamás cumplirá. El demagogo moderno procede, para retomar las palabras de Hannah Arendt, ‘del orden igualitario de la persuasión’: ¡no hay demagogos sin lenguaje! Y ese lenguaje, forzosamente seductor y engañoso, ese ‘falso hablar’ que agita mentiras y espejismos, no deja de inscribirse en el cuadro del habla pública. Es por eso por lo que no hay demagogo, tampoco, en la esfera de lo privado o familiar. Como tampoco hay demagogia sin seducción de masa». (P. 245).

3. En tan bella construcción sintáctica resalta a la vista una inextricable confusión que comparten la autora citada Arendt y el autor del libro Lafargue a más de un siglo en que los eminentes lingüistas Guillermo de Humboldt, F. de Saussure, Emile Benveniste y Henri Meschonnic gritaron hasta el cansancio que el no es un instrumento. Y este último autor, en todos los escritos en francés y las traducciones que hemos hecho en Santo Domingo ha sido enfático: Ni el lenguaje ni la lengua mienten. La mentira está en el discurso. Pero nadie le hace caso a esta proposición y todos siguen como la oveja de Panurgo. Repetir, repetir y repetir la antigualla, porque eso es lo más fácil y lo aceptado por los lingüistas, literatos y académicos del partido del signo.

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4.Esta no es una reseña formal del libro de Lafargue, sino unas reflexiones a tientas y locas sobre el problema del surgimiento del demagogo y su inseparabilidad del lenguaje, la facultad humana de simbolización, y el discurso, su actualización a través del sistema de signos que es la lengua. Una frase que me llamó la atención en el libro de Lafargue: En un principio, la palabra demagogo no tuvo un sentido peyorativo. Por ejemplo: Cleón, personaje histórico griego que decidió el destino de Atenas en la batalla de Pilos, fue el primer demagogo. Un héroe. Pero a partir de la literatura satírica de Aristófanes, el personaje de Cleón, que da título al libro mismo, no solo encarnará los atributos que le otorga Arendt, sino el cúmulo de adjetivos despectivos contenidos en las demás obras de Aristófanes y en los otros autores que tratan el tema del demagogo, por más ligero que sea, al pasar de Atenas a Roma y de ahí al Occidente entero.

5. Hay sin embargo en estos apuntes a tientas y locas, un adjetivo que acompaña tanto al demagogo como al populista y que ha sido a menudo el responsable de que se les confunda a ambos: todo demagogo es populista, pero no todo populista es demagogo. Y Lafargue lo asegura cuando apunta que Clístenes, el más grande reformador de Atenas, y Pericles su continuador, tuvieron su pizca de populistas, pero no fueron demagogos. Así como el autor ha desbrozado los entuertos semánticos del origen histórico del término “demagogo•, sería bueno también para la higiene cultural y su ética política determinar el origen histórico de la palabra sofista y sus más grandes representantes, pues estimo que es un capítulo que no se ha cerrado en la cultura occidental y existe un mar de confusiones entre los llamados filósofos clásicos como Platón y Aristóteles y sus seguidores que no se confunden con los sofistas. Y cómo en un carril tan estrecho como el de los tipos de democracia en Grecia, que son mutatis mutandi, los mismos de nuestras democracias occidentales, no hayan podido los estadistas que nos hemos gastado ir más lejos de 1. La democracia directa, 2. La democracia representativa, 3. La tiranía: y 4. La dictadura moderna.

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6. Pregunta que formulo a quien quiera responderla: ¿Ha habido en nuestro país, después del 27 de febrero de 1844 hasta hoy, algún demagogo en el sentido apuntado por Arendt y Lafargue? Recuérdese, que demagogo que no toma el poder se queda en proyecto. ¿Es obligatorio el entrecruzamiento entre demagogia y demagogo y el nacimiento, desarrollo y perfeccionamiento del arte de la persuasión y el convencimiento de miles o millones de seguidores del demagogo?

7. El contenido del libro de Lafargue lleva el subtítulo de “Lo que podemos aprender de la democracia ateniense (c. 462-403 antes de Jesucristo”. Consta de tres partes y un epílogo, a saber:

Parte I, Significado de la democracia antigua con lo puntos siguientes: 1. El nacimiento de la democracia ateniense… y los demagogos. La democracia en camino. El triunfo de la Democracia: la palabra y la cosa. Demócratas y demagogos: de las palabras a los males. 2. Una democracia diferente. Antiguos y Modernos. Clístenes vs. Madison y Hamilton: democracia directa contra régimen representativo. El azar y la necesidad. Sobre la alternancia. La palabra libre, pero medida. Una democracia de asambleas.

Parte II. Viaje a la demagogia. Abominables demagogos. Cleón, ¡súperdemagogo! El demagogo, “figura negra” de la Antigüedad, de Aristófanes a Plutarco. Esperpentos, sucios y malévolos. Astucia, ratería y glotonería: un bestiario cómico. ¡Hijos de putas, hoyo del trasero y enculados! 4. El hampa de Atenas. Esclavas y hombres. Sin familia. Viejas fortunas y advenedizos: ¿una revolución? La comedia y lo real. 5. Tan cerca del pueblo: palabras y hechos. Solos, ¡para todos? Unidos al pueblo: la pasión del demos. Ignorancia…. Y “ciencia del hocico” (Montaigne). Hablar al pueblo (1): huracanes sobre la Pnyx. Hablar al pueblo (2): del habla a los gestos. De la calle a la asamblea, y viceversa.

Parte III. Los campeones del pueblo y de la democracia. 6. El pueblo y sus élites. “Construir pueblo”: de la comunicación entre demos y élites. ¿Una lucha eterna? Marx en la ciudad. El espectro de la división civil. Ideas políticas (1): ¿pueblo de ciudades y pueblo de campos? Ideas políticas (2): imperio, tribus y redistribución democrática. Ideas políticas (3): de la ignorancia y la inconstancia del pueblo en el gobierno de la ciudad. 7. El pueblo, siempre soberano. El pueblo tirano. El control, control por todas partes. “Picsous” contra “Verifsous”. Vigilar y castigar. Los demagogues, perros guardianes de la democracia. Epílogo. El demagogo en su contexto. A menudo la asamblea varía. Convencer y decidir, ¡de inmediato! Dirigir. Conclusión. Anexo: ¿Del populismo en Demagogia?.

Lafargue nos previene en contra de las imágenes y estereotipos con que pasaron a la historia los demagogos atenientes a través de las obras de ficción y nos alerta que la realidad de sus gobiernos fueron otra cosa muy distinta y que si bien estos demagogos amaban sobre todo el dinero y las riquezas, el desvío de fondos para enriquecerse estaba muy controlado en Atenas y que un hecho de esa naturaleza daba lugar de inmediato a un juicio político en las instancias judiciales, tal como se le instruyó a Pericles debido a una simple indelicadeza.

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