Schopenhauer: sobre el arte y la experiencia estética

Schopenhauer: sobre el arte y la experiencia estética

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La visión de Arthur Schopenhauer sobre la obra de arte, su fin y su efecto sobre el observador recibió una fuerte influencia de Platón, Kant y las filosofías orientales. Se trata, en primer lugar, del “mundo de ideas eternas” de Platón. Estas ideas existen independientemente de la conciencia. Son incognoscibles y no pueden convertirse en una “cosa para nosotros”, esto es, no pueden ser conocidas. En segundo lugar, “la cosa en sí” (noúmeno) de Kant: incognoscible e inabordable para el ser humano, aquello que está más allá del conocimiento posible. Finalmente, “la voluntad” de Schopenhauer:

“La voluntad como cosa en sí es totalmente distinta de su fenómeno y está libre de todas las formas fenoménicas en las que ingresa al manifestarse, formas que por ello afectan únicamente a su objetividad, pero le son ajenas en sí misma” (Schopenhauer, p.165). Veamos, en esta cita se refiere a que el acto del cuerpo (fenómeno) no es la voluntad en sí sino su manifestación o representación. En fin, los tres conceptos mencionados tratan de lo que hay detrás de las apariencias.

Recordemos antes de continuar que según Schopenhauer la vida es sufrimiento, y que se puede escapar o liberarse de tan deplorable situación a través del óctuple sendero, el desapego y las siguientes vías: la compasión, la auto negación, la vida ascética y la contemplación estética. En esta oportunidad solo hablaremos de la contemplación estética. Schopenhauer consideraba que “el fin del arte es la representación de la idea que solo se puede captar intuitivamente y no de manera abstracta” (p. 292). Y así afirmó…

“La idea concebida es la única y verdadera fuente de toda obra de arte auténtica. En su poderosa originalidad es sacada solamente de la vida misma, de la naturaleza, del mundo, pero solo por el auténtico genio o por el que se ha elevado momentáneamente a la genialidad. Únicamente de esa inmediata recepción nacen las obras auténticas que llevan en sí mismas una vida imperecedera.

Precisamente porque la idea es y sigue siendo intuitiva, el artista no es consciente in abstracto del propósito de su obra; no tiene presente un concepto sino una idea: de ahí que no pueda dar cuenta de su obrar: trabaja, como dice la gente, por puro sentimiento y sin conciencia, hasta por instinto” (Schopenhauer, p. 290).

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Según nuestro filósofo el arte es la representación de las “ideas eternas”. La obra de arte suscita la experiencia estética al ser observada con una actitud desinteresada (libre de deseo). La contemplación concentrada y con desapego permitirá al observador hacerse uno con la idea que transmite la obra de arte. Este hacerse uno con la cosa observada permite la adquisición de un conocimiento superior porque el observador se convierte en puro objeto del conocimiento. Esto sucede porque la voluntad ha estado ausente. No ha habido un deseo que provoque su accionar. Lo contrario sucede cuando la obra de arte provoca en el observador deseo o necesidad. Un buen ejemplo son las obras de un contenido sexual burdo o de alimentos que invitan a consumir; imágenes planteadas de tal manera que solo despiertan el deseo del cuerpo. Este deseo aviva la voluntad que debe actuar para que el cuerpo se pueda manifestar, es decir, el arte que provoque un accionar que corresponda al deseo es un arte vulgar que no provocará la experiencia estética descrita por Schopenhauer.

Según Schopenhauer preguntarse acerca del qué de las cosas (obras de arte) entrega a la intuición todo el poder de su espíritu. El estado de contemplación pura permite al sujeto olvidar toda individualidad y perderse en la belleza o sea en el placer que proviene de la liberación del dolor. Se pierde completamente en el objeto (obra de arte). Olvida su individualidad, su voluntad y queda únicamente como puro sujeto de contemplación, como claro espejo del objeto (p. 232). Se trata del tránsito que le permite dejar de ser individuo para convertirse en un puro y desinteresado objeto del conocimiento. Quedando absorbido por la obra que contiene la idea, la forma eterna. El sujeto ordinario conoce solo cosas particulares a través del principio de razón. El sujeto puro del conocimiento solo ideas eternas, libre de la individualidad y de la servidumbre de la voluntad.

El arte establece una forma de conocimiento privilegiado, un conocimiento «metafísico» que tiene que ver con la contemplación desinteresada de las ideas (en sentido platónico), es decir, de aquello que es inmodificable e imperecederamente verdadero. Este tipo de contemplación sin deseo, sin voluntad solo queda accesible al genio. El genio se comporta de forma puramente intuitiva. Schopenhauer aseguró que lo que distingue las experiencias estéticas de otros tipos de experiencias es que la contemplación del objeto de apreciación estética le permitía, temporalmente, al sujeto un respiro de la lucha del deseo. Lo facultaba para entrar en un reino de disfrute puramente mental, el mundo puramente como representación…

Arthur Schopenhauer expresa de forma inequívoca los modos en que debe producirse la contemplación estética. Refiere que para que esta tenga lugar, tienen que darse dos circunstancias: el conocimiento de los objetos como ideas platónicas (formas permanentes)y la autoconciencia del sujeto puro del conocimiento y sin voluntad. Para que se produzca la verdadera contemplación estética, debe abandonarse el conocimiento fundado en la razón, porque esta última está al servicio de la voluntad.

Cuando se hace uso de la razón esta te impulsa a decidir y al hacerlo deberás elegir. La razón es madre de la dualidad. Y en el mundo del arte no hay dualidad, solo existe el todo. “En cuanto a la totalidad del ser para otro” como diría Theodor Adorno (2004, p.28). Schopenhauer refiere: que la satisfacción nos advierte al tomar conciencia de la perdida de nuestra individualidad que ser parte del todo es el resultado de la liberación del dominio sobre la voluntad.

Finalicemos con la explicación que expone Schopenhauer sobre el efecto del estado de contemplación pura de la obra de arte: “placer estético” (experiencia estética).El sujeto olvida toda individualidad y se pierde en la belleza, o sea, en el placer. Refiere que hay una nueva disposición del ánimo; captación intuitiva de las ideas platónicas; sensación de exuberancia de la naturaleza bella, desaparición de la jerarquía social, liberación de nuestras miserias; liberación del conocimiento, de la conciencia, felicidad del conocimiento puro liberado de todo dolor[…]. La tormenta de las pasiones, el apremio del deseo y el tormento del querer quedan inmediatamente apaciguados de forma asombrosa. Luego, añade que la liberación que proporciona el conocimiento nos saca de todo eso como lo hacen la dormición y el sueño.

La felicidad y desdicha desaparecen; ya no somos el individuo que ha quedado olvidado sino el sujeto puro del conocimiento (p.252). Así libre de una voluntad objetivada por el deseo el sujeto seda cuenta que él implica la naturaleza (él es la naturaleza). Para afianzar el punto reproduzco una frase de profundo contenido y fragancia poética proveniente de los libros sagrados de los Upanishads citada por Schopenhauer en su obra “El mundo como voluntad y representación”: “Yo soy todas esas criaturas en su totalidad, y fuera de mi no hay nada”. Y es que la contemplación de la obra de arte del genio es la contemplación del todo…

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